
En el marco del cumplimiento de la Ordenanza que determinó además la constitución del Observatorio Vial Municipal.
Fabián Guarracino trabaja hace casi 30 años en Terapia Intensiva de Quemados del Hospital Garrahan, uno de los centros pediátricos más prestigiosos de Latinoamérica. Hoy denuncia una situación crítica: sueldos que no alcanzan, médicos que se van y un sistema que sobrevive por el compromiso de quienes lo habitan. La atención sigue siendo de excelencia, pero el desgaste amenaza con desbordar todo.
Locales11/08/2025***
“Cuando se abrió este hospital, uno cobraba como un diputado nacional”, recuerda Fabián Guarracino, médico desde hace casi tres décadas en el Hospital Garrahan, uno de los centros pediátricos más reconocidos de Latinoamérica. Hoy, a pesar de seguir sosteniendo estándares científicos y técnicos de primer nivel, quienes lo sostienen sienten que ya no pueden más. La crisis económica que atraviesa el país y las decisiones gubernamentales de la gestión nacional golpea con fuerza a sus trabajadores y amenaza con desmantelar silenciosamente una institución vital para la salud pública. Anoche el Congreso aprobó una ley que podría llevar alivio a la asfixiante situación: la media sanción contempla por dos años la asignación “prioritaria e inmediata” de recursos presupuestarios al sector, declara al Garrahan como “hospital de referencia nacional en la atención de alta complejidad” y dispone que se garantice “su funcionamiento pleno y sostenido”.
Guarracino es parte del equipo de Terapia Intensiva de Quemados, una de las áreas más complejas del hospital. Desde 1996 trabaja atendiendo pacientes pediátricos con quemaduras graves, muchos con hasta el 70% del cuerpo comprometido. “Llegan chicos en estado crítico y salen con vida. Lo que hacemos acá es único. Pero con el sueldo que cobramos hoy, no se puede vivir”, declara. En su caso, ya no realiza guardias porque tiene la antigüedad suficiente, pero sus compañeros deben sumar horas extra y hasta conseguir otros trabajos para llegar a fin de mes.
El Garrahan, ubicado en la Ciudad de Buenos Aires, atiende gratuitamente a niñas, niños y adolescentes de todo el país, sin importar su origen ni condición económica. Muchos llegan derivados de hospitales que no cuentan con la infraestructura ni la formación necesaria para abordar cuadros de alta complejidad. “Acá vienen los que no pueden ser resueltos en ningún otro lugar. Es un hospital que, además de atender, forma médicos que después arman servicios en sus provincias. Es una escuela”, afirma Fabián Guarracino. De hecho, médicos que abrieron las puertas de la Terapia Intensiva Pediátrica del Hospital local se formaron en ese lugar.
A pesar de su importancia, el deterioro salarial y la falta de reconocimiento institucional generan un profundo descontento entre sus trabajadores. “Yo trabajaba en un hospital de provincia, pero acá cobraba cuatro veces más que en otros lugares. Hoy trabajamos más de 42 horas semanales, más las guardias de 24 horas, y el salario no alcanza”, explica Guarracino, que todos los días viaja desde La Plata para cumplir con su jornada.
Historias que salvan vidas
Entre las múltiples historias que guarda, hay algunas que todavía lo conmueven. Como aquella vez que su hija, en una clase de educación física, fue sorprendida por una profesora que le preguntó si era “algo de Fabián Guarracino”. Al responder que sí, la docente reveló que él y su equipo habían salvado su vida años atrás. “Mi hija sabía que yo era pediatra, pero no que hacía terapia intensiva de quemados. Es una especialidad compleja, que no muchos eligen, pero que salva vidas todos los días”.
También recuerda el caso de una nena con un 50% de su cuerpo quemado, que sufrió un paro durante una operación. “Pensamos que no salía, pero salió. Años después supimos que fue mamá y tiene dos hijos”. En el Garrahan no solo se sobrevive, también se acompaña. “Los pacientes vuelven, vienen a los controles contentos. Aunque tengan secuelas, hacen una vida prácticamente normal”.
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aA diferencia de otros hospitales públicos que sufren faltantes de insumos, en el Garrahan todavía se trabaja con todos los materiales necesarios. La atención sigue siendo de excelencia. Pero la crisis no se ve solo en la infraestructura, sino en lo humano. “No es que falten cosas. El problema es que los médicos se van porque no pueden sostenerse. El hospital funciona gracias al compromiso de los que estamos, pero muchos ya no pueden más”.
Lo más preocupante, dice el profesional, es que gran parte de la sociedad desconoce lo que está pasando. “La gente no está informada, no sabe lo que ocurre en el día a día. No sabe lo que hacemos acá. Y mientras tanto, el personal se cae, se agota, y se va”.
El Garrahan nació con un espíritu de excelencia. “Los grandes maestros de la pediatría vinieron a fundarlo”, cuenta Guarracino. Hoy ese faro sigue encendido, pero su luz podría apagarse si no se toman decisiones urgentes. “Poné el dinero en segundo plano, pero si por falta de inversión se cae la atención, es gravísimo. Estamos hablando de la salud de los chicos de todo el país”.
Mientras tanto, los que siguen, lo hacen por vocación, por compromiso y por amor. Pero el límite está cerca. “Yo no tengo inclinación política, vengo a trabajar. Pero no puedo dejar de decir que esto no da para más”.
En el marco del cumplimiento de la Ordenanza que determinó además la constitución del Observatorio Vial Municipal.
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