Ponerle palabras al dolor: el taller del Hospital de Oncología que abraza a familiares y cuidadores

03/07/2026

Aprender a integrar la enfermedad a la vida y ganarle terreno a la incertidumbre. Entre la calidez de un salón luminoso y la crudeza de historias compartidas, un grupo de profesionales de la psicología ayuda a familiares de pacientes oncológicos a ponerle palabras al dolor y construir un refugio común.

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Las profesionales en el taller de familiares y cuidadores de pacientes oncológico

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Un ovillo de color rojo bastó para que familiares y cuidadores de personas en tratamiento oncológico pudieran compartir sus historias de vida y las emociones de su dura realidad. El encuentro se realizó el lunes pasado por la mañana, en el Hospital de Oncología de Olavarría. 

A medida que el ovillo se iba desenrollando, los asistentes iban sujetando el hilo como símbolo de estar construyendo, entre todos, un tejido colectivo.

Gracias a las psicólogas Noelia, Lucía y Paula, esas personas pudieron sentirse contenidas, disipar dudas y llevarse herramientas útiles para sus vidas. Este taller funciona como un espacio de construcción y contención desde la psicología, donde la premisa clave es juntarse para charlar, ver qué pasa, ayudarse y conocer las vivencias de los otros.

Paula Nemoz, en diálogo con Diario Olavarría, contó que "si bien siempre hay una contención para el paciente en los distintos espacios, la familia también tiene inquietudes. Siempre se quedan con cosas que necesitan hablar, y además necesitan hacerlo con otras personas que están transitando por el mismo proceso. Por eso surge la idea de trabajar grupalmente e ir tomando distintos temas".

En este sentido, explicó: "En principio, abordamos lo que a cada uno le pasa con la enfermedad y el lugar que ocupa como cuidador, esa compañía que se ejerce como parte de la familia desde el punto de vista emocional. Después, también damos la posibilidad de trabajar otras cuestiones que tienen que ver con la organización familiar y con la comunicación, básicamente para evitar, por ejemplo, la sobrecarga y el cansancio".

​Durante la reunión fueron floreciendo diferentes conceptos. El principal: partir de la base de que no existe un "manual para vivir" porque todas las personas son distintas y, por lo tanto, cada uno transita el proceso a su tiempo y a su propia manera.

Todos estaban en ronda, sentados en sillas escolares, dentro de un salón amplio y muy luminoso donde habitualmente se dictan clases y se realizan ateneos médicos.

​También en ese encuentro maduró la idea de que se necesita convivir con los demás pero también darse un tiempo para mirar las propias emociones, logrando un equilibrio justo entre los momentos de soledad y el acompañamiento a quien padece la enfermedad.

A su vez, se propuso "integrar la enfermedad a la vida" cuando toca padecerla, en lugar de negarla. Aunque uno no elija la dolencia, sí puede elegir cómo transitar ese proceso. La pregunta que flotó en el espacio fue profunda: ¿Qué le puedo sacar a esto que me está pasando?

Muchos pacientes logran encontrarle un sentido profundo a la existencia más allá del padecimiento. La vida es hermosa, pero tiene sus luces y sus sombras.

​Frente a los pacientes que se cierran y no quieren mostrarse débiles ante los demás, el taller propuso romper el aislamiento y buscar la vuelta —sin avasallarlos— para que la comunicación circule.

 La idea superadora es lograr que el paciente y el familiar puedan llorar y, ¿por qué no?, reír juntos, compartir distintas emociones y contar lo que les pasa.

​Asimismo, las profesionales señaron que vivimos en un contexto bombardeado de información y donde parece que nunca hay tiempo. Eso hace que nos anticipemos constantemente a lo que puede llegar a suceder, lo que puede generar una ansiedad tremenda. La propuesta psicoterapéutica para contrarrestarlo es aprender a pensar en metas cortas.

​Al ser consultada por este medio sobre cómo encuentran al familiar la primera vez que se acerca al espacio, Paula Nemoz respondió: "Al principio hay un impacto a nivel emocional muy importante. Lo que generalmente aparece es la incertidumbre de no saber bien lo que va a suceder o cómo se va a ir dando este proceso. Si bien a veces uno no tiene la respuesta —porque, como decíamos hoy, esto es ir paso a paso y no sabemos cómo se va a dar todo—, desde ese lugar buscamos brindar contención y responder a determinadas inquietudes. Eso hace que la misma familia esté un poquito más tranquila cuando se trabaja de esta manera y se los va acompañando".

Como parte de la dinámica del encuentro, sobre una mesa alargada, una de las psicólogas dispuso diferentes imágenes. El ejercicio consistió en que los asistentes seleccionaran una tarjeta con la ilustración que más los representara o con la cual se identificaran; una vía directa para poner en palabras y poder expresar las complejas emociones que estaban transitando en el grupo.

"Fue una muy linda experiencia, muy buena y muy emotiva", relató a este medio Araceli, quien actualmente acompaña a su hermana en un tratamiento de quimioterapia. "La verdad es que pudimos expresar lo que sentíamos sin tener vergüenza de los demás, porque estamos todos en la misma situación. Esto nos sirve mucho y, de acuerdo a todo lo que hemos hablado entre todos, uno va tomando distintas herramientas para poder seguir adelante".

Guiados por el rumbo de ese ovillo rojo, los asistentes fueron tejiendo y llenando de palabras un espacio que antes habitaba el silencio, transformándolo en una mirada colectiva para una vida mejor.

*Por Maximiliano Cooper Pondarre 

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