La fiebre mundialista demora en llegar este año. El entusiasmo de los partidos quedó en el 2022 y hoy, en cambio, se ve más desinterés en la gente, en las vidrieras, en el ánimo popular. ¿Influye la crisis económica argentina? Hay varias preguntas que intentamos desentrañar en esta nota.

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Hinchas emocionados, cuadras y cuadras pintadas de celeste blanco, un pueblo unido, donde no se daba protagonismo a la diferencia ideológica, religiosa o política. Donde no importaba si eras de un equipo, o del otro. Parecía el último suspiro, la última bala, la hazaña a conseguir. Era ahí o nunca.
Abrazos eternos y lágrimas combinadas con sonrisas se dibujaban en la cara de cada argentino. En tiempos tan golpeados, el fútbol en nuestro país, une a las personas. Eso fue Catar 2022, un mundial que quedó perpetuado para la historia.
Pero, el Mundial 2026 ya comenzó, tres sedes, más equipos, más partidos, algo distinto. Pero surge una duda ¿Sigue latente la “fiebre mundialista”?
En esta línea, Andrés López docente de la carrera de periodismo en la FACSO y en la carrera de Periodismo Deportivo en la UNLP, reconoce que “todavía estamos esperando que el mundial empiece, de hecho aún cuando ya empezó“ aunque no descarta que la euforia aparezca a medida de que vaya rodando la pelota y los resultados argentinos se vayan dando.
Este mundial en particular cuenta con 48 selecciones, más equipos, más partidos. “hay que ver cómo se lleva la gente con la posibilidad de ver el mundial, va a ser más difícil verlo, vamos a tener que hacer malabares entre pantallas y eso va a llevar un tiempo hasta que la gente se acostumbre” agregó, López.
Nuestro contexto nacional tampoco ayuda.
El docente alegó que “estamos en una crisis en la que el daño es más profundo del que teníamos en los últimos mundiales y eso también nos complica de algunas cuestiones relacionadas al consumo mundialista que la gente prudentemente ha evitado”.

Andrés López, docente de la FACSO Y UNLP y periodista deportivo
El hincha argentino siempre se hace notar, con canciones y tribunas repletas, pero López duda de que “Argentina vaya a ser local” aunque asegura que va a estar presente y que nos va a meter en clima de mundial. Los logros de los últimos años también generan un clima de conformidad en nuestro país “el público argentino viene muy bien alimentado”, comentó.
“En algún punto hasta casi parece que es un mundial homenaje para los campeones del mundo”.
Una de las explicaciones sobre el clima un poco más apático hacia el mundial radica en la extensión del torneo, la mayor participación de países y la dispersión que genera el hecho de que se juegue en tres naciones diferentes. “yo mismo que me dedico a esto no tengo en la cabeza el mapa del mundial, cuesta mucho saber qué partidos hay mañana”.
En este sentido, López agregó que “siempre hay equipos que son casi colados en la Copa del Mundo. En este caso me parece que va a haber más y eso baja un poco también el interés”.
Las sedes son más que un país donde se juega al fútbol. Conflictos de parte de EEUU con países de África y Medio Oriente hacen que este mundial sea distinto. De todas formas, López opinó que “no veo que en Argentina estemos demasiado preocupados por eso.
No veo que mueva la aguja de la cosa popular en Argentina. Como tampoco nos movió la aguja las denuncias por derechos humanos o los obreros muertos en la construcción de los estadios en Qatar, nadie terminó rasgándose la vestidura porque Qatar era un país no democrático”.
Esta “apatía mundialista” sucede por distintos factores, pero López sostiene que “tenemos tantos estímulos que también estamos atravesados por un montón de otras cosas. Yo creo que el clima mundialista va a estar”.
Una cuestión de números
Con el pasar de los años, el fútbol se ha convertido en un negocio redituable para distintos sectores de alto rango empresarial y político.
Desde la ampliación de 16 equipos a 24 en el Mundial de 1982 hasta ahora, con la incorporación de mundiales de juveniles y fútbol femenino llegados a la década del 90, la FIFA “hizo transformar el fútbol en una multinacional”.
Aunque estos avances hacen que el fútbol y el mundial sean más democráticos, lleguen a cada rincón y género “a la FIFA no le importaba ser democrático y que las mujeres tuvieran el derecho de jugar al fútbol.
Lo que quería era ampliar el negocio”, analizó el docente universitario.
López remarcó que “el negocio se amplía cuando hay más clientes y cuando hay más gente que compra camisetas, que compra botines, ropa deportiva, cuando hay más gente que toma cerveza mirando partidos”.
Por otro lado, los problemas sociales y raciales como la expulsión de delegados arbitrales, controles de aduana extensivos, interrogatorios a jugadores involucran y esconden entramados políticos, López sostiene “que a la FIFA no le importa sacrificar nada, le interesa facturar”. Además, “Estados Unidos organiza el Mundial, Estados Unidos pone sus reglas. Si fuera otro país menos poderoso, la FIFA impone sus propias reglas” culminó.
Donde exista el negocio, la pelota va a rodar. Entre tensiones políticas y raciales y negocios fructíferos, está el espectador. El argentino que hace malabares para llegar a fin de mes, para comprar la figurita para el hijo. Pero la pregunta queda abierta: ¿sigue latente la “fiebre “mundialista?
*Por Lucas Oliván / Agencia Comunica






