
OLAVARRÍA: LOS PRIMEROS MAESTROS Y LA PRIMERA ESCUELA
13/06/2026​Un recorrido imperdible por los inicios de la educación local a fines del siglo XIX, entre calles de tierra, ranchos y caballos sueltos. De cómo la primera escuela pública nació bajo la sombra de un polémico "negocio pampa" de la época y una pregunta pendiente: ¿por qué Olavarría olvidó a sus verdaderos maestros pioneros?

*Por Walter Minor
Ya he comentado varias veces que hasta la asunción de la Corporación Municipal, los destinos de Olavarría dependieron de Azul durante once años.
Al quedar formada la Corporación Municipal en 1879, una de las primeras cosas que debían solucionarse era la educación, muy precaria en aquellos tiempos en que solo se llegaba hasta tercer grado, situación que con el tiempo se fue modificando hasta llegar a séptimo.
Claro que más allá del poco tiempo de instrucción, tampoco había como hoy la certeza de que el comienzo debería ser a los seis años, ni siquiera existía el guardapolvos y, aunque la escuela a paritr del gobierno de Sarmiento se había hecho obligatoria desde hacía una década, en la mayoría de los casos esa ley no se cumplía por la necesidad de empezar a trabajar a muy temprana edad para colaborar con la economía del hogar.
Estamos hablando de finales del siglo XIX, de calles sin cordón cuneta, ranchos, pajonales, una plaza a la cuál le habían sido destinadas cuatro manzanas en un principio, luego reducidas a dos y que finalmente quedó en una sola sección en la que en sus comienzos pastaban los caballos. Plaza que entre otras cosas fue testigo de un fusilamiento.
Tanto la cárcel como los edificios municipales no habían sido levantados y viviendas espaciosas alquiladas era donde se cumplían estas funciones.
El automóvil estaba a poco más de 30 años de llegar a Olavarría, así que todo se movía en base a carros, carretas, galeras o simplemente montando un caballo.
Los animales sueltos en el centro no se limitaban a perros y gatos, sino que también gallinas o algún chancho que se escapaba de una granja en el patio, ya que cada terreno medía casi 50x 50 metros en una manzana que se dividía en cuatro solares.
En esta Olavarría que comenzaba a despegar, existían dos escuelas particulares, en realidad dos casas en la que se dictaban los fundamentos básicos para evitar ser analfabeto y tener más posibilidades de crecer en la vida y menos de ser engañados mediante papeles. En estas dos sedes de enseñanzas eran sus maestros José G. Miranda para varones y y Claudia Rolo para mujeres. Ambos fueron los dos primeros maestros que tuvo la ciudad, pequeño pueblo en aquel momento.
Estas dos escuelas particulares recibían una subvención de 20 pesos moneda corriente por parte de la Corporación municipal, por cada alumno a los que los padres no pudieran costearle el estudio.
En 1880, se le asigna al maestro particular Luis Bianchi, un sueldo de 500 pesos anuales de moneda corriente, hasta tanto quedara habilitada la escuela pública, algo que ocurriría dos años después.
El problema para construir la escuela era que la novel Corporación Municipal no contaba con fondos para costearla, entonces, a fines de 1880 se le solicita al gobierno de la provincia la autorización para vender las 151 chacras vacantes y con lo recaudado construir dos escuelas, una de niñas y otra de varones, además de una iglesia, edificios municipales y un puente sobre el arroyo.
Pero dos meses después aparece una petición de Pedro Pourtalé, diciendo que si se le concede un terreno, el construiría las escuelas e iglesia. Lo extraño era que Pedro Pourtalé era además componente de la Corporación Municipal junto a Celestino Muñoz, Agapito Guisasola y Pedro Caro, por lo que de entrada tenía asegurado un voto a su favor para tal ofrecimiento.
Puesto a votación, se acepta la sugerencia de Pourtalé por 3 a 1, con su voto, el de Guisasola y Muñoz en positivo, mientras que Pedro Caro lo hace en negativo, aludiendo que a Pourtalé se le iba a dar un lote de cuarta manzana destinado a edificios públicos, la mitad del dinero para la construcción como anticipo del alquiler, más luego seguir alquilándole sin saber si se le iba a poder pagar.
Pedro Caro fue ridiculizado por Guisasola, diciendo que quedara constancia que si el dinero no alcanzaba no se iba a tocar el bolsillo de Pedro Caro.
Finalmente aquel plan de construcción se llevó a cabo, a Pourtalé se le dio un lote de 43,30 por 43,30 metros ubicado donde hoy se encuentra el teatro municipal, se le anticipó el 50 por ciento de la obra como pago adelantado del alquiler y una vez terminado se le pagaría la otra mitad y luego seguiría cobrando alquiler. Lo que se conoce en el dicho como “un negocio pampa”, oro por espejitos.
Así fue que para 1882 empezó a funcionar la primera escuela. A la izquierda la de varones, al medio la iglesia y a la derecha la de mujeres, una construcción que pronto comenzó a tener problemas de humedad y descascarado del revoque y pintura.
Digamos que el gran negocio de Pedro Pourtalé terminó de concretarse cuando le ganó un juicio a la municipalidad por falta de pago, quien debió abonar de inmediato con la primera venta de chacras, haciendo realidad lo que había anticipado Pedro Caro de que “vamos a tener problemas si no podemos pagar”. Los que decidieron ya no estaban en el poder entonces.
Resumiendo, José G. Miranda y Claudia Rolo fueron los maestros que pusieron los rieles de la educación en Olavarría. La escuela 1 de varones y mujeres estuvo frente a la plaza principal, donde está el teatro municipal sobre calle Rivadavia y fue la primera, pero, me queda una pregunta: ¿Hay algún lugar de Olavarría que recuerde a los pioneros José Miranda y Claudia Rolo como reconocimiento a su aporte cuando no había nada?...





