Leo Yunger y un viaje antropológico al corazón ricotero

14/06/2026

El antropólogo de la UNICEN, Leonardo Yunger, desarrolló una exhaustiva tesis científica titulada "La tribu de mi calle" que hoy arroja luz sobre el fenómeno ricotero. Tras el fallecimiento del líder de Los Redondos y el conmovedor abrazo popular al Hotel Savoy, desmenuzamos su investigación para entender el origen, la censura del 97, la locura de La Colmena y por qué esta devoción se transformó en una herencia eterna.

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El Antropólogo Leo Yunger 

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​Muchos fans del Indio, con sus banderas y sus remeras ricoteras, le dieron un abrazo simbólico al Hotel Savoy hace unos días por el fallecimiento del Indio Solari. Allí, en ese mismo edificio donde en 1997 el cantante  dio  su primera y única conferencia de prensa. 

Ahora ya no está la mesa donde el Indio se sentó; las luces de ese salón están apagadas. Pero allí afuera, con el hotel totalmente abandonado, los fans, la tribu, los ricoteros, pegan fotos de su líder. Ese rincón de Moreno y Belgrano se llenó de abrazos, lágrimas y cánticos, replicando el dolor que se vivió en tantas plazas del país, pero con el peso histórico que solo tiene el Savoy.

Hace casi treinta años, en esa misma vereda donde hoy caen lágrimas, lo que reinaba  en aquella época era la bronca y la confusión de miles de pibes. Deambulaban entre esa esquina y el Club Estudiantes, donde se iba a realizar aquel recital suspendido. El gobierno municipal de ese entonces había decidido por decreto prohibir el show.

 En medio de ese caos, en una pared de la Municipalidad, quedó un grafiti premonitorio: una corona de Patricio Rey y una promesa clara: "Volveremos".

​Y así fue.  Dos décadas más tarde, en esta misma ciudad que una vez los expulsó, el Indio volvió para cantar ante una marea humana en el predio "La Colmena", donde entró una multitud equivalente a tres Olavarría juntas. Fue un quiebre definitivo que partió las opiniones locales en dos: algunos estaban contentos y otros no tanto.

​¿Cómo puede ser que el 'único héroe en este lío' mueva ríos y ríos de personas con sus banderas y remeras ricoteras? ¿Cómo puede ser que un artista, hoy ya inmortalizado, sea capaz de crear una identidad y un simbolismo tan profundos en tantas generaciones de jóvenes?

Para responder a este misterio, el antropólogo Leonardo  Yunger de la Facultad de Ciencias Sociales de Olavarría UNICEN, realizó en su trabajo de Maestría una Tesis denominada: "La tribu de mi calle", allí se sumergió durante dos años en un exhaustivo trabajo de campo. A través de una mirada etnográfica  logró trazar una radiografía de las prácticas y sentidos de los seguidores de Solari. 

En cuanto a la producción de su trabajo, el especialista explicó: "el trabajo de campo implicó hacer cerca de 30 entrevistas a seguidores de Los Redondos de distintas generaciones, buscar muchas fuentes bibliográficas, periodísticas  de la historia de Los Redondos en Internet, y en el archivo municipal, sobre todo lo que fue el recital en el 97, suspendido en Olavarría, y me llevó cerca de dos años". 

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Abrazo simbólico en el Hotel Savoy 

​El nombre de la tesis:  "La Tribu de mi calle" nació de una doble realidad. Aquí Yunger explicó que  "la antropología clásica solía estudiar a un "otro" lejano, habitante de una isla desierta o de una cultura a miles de kilómetros. En este caso, el investigador se enfrenta al desafío del extrañamiento: observar con rigor científico lo que le es cotidiano".

En esta línea añadió: "Es algo que nunca, por más que uno estudie una tribu cercana o una tribu lejana, nunca va a dejar de estar presente fuertemente en la subjetividad del investigador. Y eso hay que explayarlo en la misma investigación, dejar en claro desde dónde uno escribe. En este caso, desde ser un seguidor más". 

El "sujeto" de estudio ya no habla un idioma desconocido; vive en su misma cuadra, comparte su pasión y, fundamentalmente, le escribe en la pared. La tribu está en la calle e  interpela al investigador, obligándolo como dice la misma letra del Indio : "a irse  "corriendo a ver". 

Para entender la locura que hoy se vive en las calles, la investigación de Leo Yunger, en su tesis,  nos invita a viajar al pasado, cuando la banda no llenaba estadios sino sótanos. En esas páginas, entre otros relatos,  aparece el testimonio de Beto, un músico de Azul que conoció a Los Redondos en los años 80, cuando se movían casi en la clandestinidad por la persecución de la dictadura. Todo era tan artesanal que la banda se difundía solo de "boca en boca".

De hecho, la tesis rescata una anécdota increíble de la zona: en 1984, Los Redondos vinieron a tocar al pub Sest Finí en el centro de Azul para apenas cincuenta personas. Llegaron en una Ford Falcon Rural y en el camino metieron tanta ruta y discusión que bajaron al baterista en plena Ruta 3, a la altura de Monte, teniendo que ser reemplazado por un músico de Azul. Esa noche, el Indio y Skay terminaron durmiendo en la estancia "El Recreo", que había pertenecido  a Juan Manuel de Rosas. Eran épocas donde los músicos tendían su propia cama en casas ajenas.

En Buenos Aires, el panorama era parecido. La tesis suma el recuerdo de Fernando, otro seguidor de la primera hora, que cuenta que ver a Charly García o a Spinetta era un lujo caro de pocas veces al año. Los Redondos, en cambio, eran la salida barata del fin de semana. Tocaban en semi-sótanos como el Parakultural, donde la barra era un tablón apoyado en una estatua rota y la gente esperaba sentada en el suelo.

Sus avisos salían chiquitos al final de la sección de espectáculos de Clarín, al lado de las obras de teatro independiente. El público era una mezcla rara de estudiantes y bohemios que buscaban algo distinto. Fernando lo resumió con una frase perfecta que quedó grabada en la investigación de Yunger: Los Redondos eran "una mezcla de barro y biblioteca". Tenían la crudeza de la calle, pero una inteligencia que te partía la cabeza. Fue ese boca en boca el que empezó a crecer tanto que, sin quererlo, la misma gente terminó volviendo masivo lo que había nacido bajo tierra.

La acumulacion de esas pequeñas "misas" en sótanos, y los viajes en auto por el interior bonaerense empezaron a desbordar los limites del under. El boca en boca se transformó en una bola de nieve imparable.

Para finales de los ochenta y principios de los noventa la banda pasó  de los pubs para cincuenta personas a llenar estadios como Obras Sanitarias, y luego Huracán y River. Patricio Rey se había vuelto masivo a pesar de si mismo, empujado por una marea de jovenes que adoptaron esas canciones como una religión propia. 

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Con el paso del tiempo, esa bola de nieve terminó explotando en agosto de 1997 aca en Olavarría. Lo que iba a ser una fiesta historica en el club Estudiantes se transformó en un escándalo político cuando el intendente Helios Eseverri prohibió los recitales por decreto, asegurando que no estaban las condiciones dadas-  Hay que aclarar que  los medios de Buenos Aires pintó a los seguidores como una horda peligrosa, pero el pueblo ricotero demostró otra cosa.

En medio de esa tension, el Hotel Savoy se convirtió en el búnker de la banda. Fue ahí, en una conferencia de prensa que quedo grabada en la memoria de todo el periodismo local.

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La Conferencia de Prensa del Indio Solari 

En este sentido, Yunger en diálogo con este portal explicó: "En un principio, los medios que cubrían los recitales de Los Redondos eran los medios especializados en el rock o en la cultura under en los 80. Después llegaron a medios de comunicación más masivos en los 90, ya con Clarín o La Nación, cubriendo los recitales".

​En este punto, el antropólogo señaló: "La televisión nacional, como Crónica TV en los 90, hacía foco en los enfrentamientos entre los seguidores y la policía, construyendo una mirada estigmatizante. Eso se vió claro en 1997, cuando Los Redondos iban a tocar en Olavarría: se instaló el imaginario negativo de que llegarían vándalos a destruir la ciudad. Sin embargo, los medios locales como el diario El Popular o las radios de la época mostraron una perspectiva mucho más cercana, defendiendo la libertad de expresión y la cultura. Si mirás las posturas de los periodistas locales en ese momento, fueron muy críticos del poder político que prohibió el show y se plantaron a favor de que los ricoteros disfrutaran de su fiesta".

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Cuando se anunció que el recital de 2017 se hacía en el predio "La Colmena", Olavarría cambió de ritmo. Las avenidas Avellaneda y Pringles se transformó  de golpe en una feria gigante, y ahí empezaron los problemas para los vecinos del barrio.

Muchos frentistas se quejaron por las dificultades de acceso a sus propias casas y por las veredas copadas. También hubo mucha polémica con el tema de los permisos municipales para los puestos de comida y cerveza, porque muchos vecinos que querían aprovechar para vender algo sintieron que las regulaciones eran un lío.

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La investigación de Yunger revela un dato que choca con lo que todos creen: la mayoría de esos puestos locales no vendieron lo esperado por la enorme sobreoferta. ¿El motivo? No entendieron la lógica de la tribu.

El ricotero no consume como un turista común. La masa viaja armada en grupos, con sus propias conservadoras llenas y los baúles cargados de carne. Copan cualquier pedazo de tierra, prenden el fuego y comparten la parrilla con desconocidos. Para ellos, la comida y la bebida se gestionan en comunidad durante "la previa", que es el verdadero ritual donde nace la fraternidad ricotera.

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Foto: Dante Lartirigoyen

Ante la consulta de este portal sobre por qué su investigación cobra hoy más fuerza que nunca, Yunger respondió: "Lo más importante en cuanto a la pregunta es ver que el Indio, como artista popular, termina siendo tan representativo por todas las expectativas, las ideas, los símbolos que depositaron las multitudes en él", reflexionó  el antropólogo.

En las conclusiones de "La tribu de mi calle", la investigación nos invita a entender que la inmortalidad de Solari no radica únicamente en su obra musical, sino en un proceso de transmisión generacional. La tesis demuestra cómo ese "sentimiento" dejó de ser exclusividad de los jóvenes que vivieron los sótanos de los 80 o las tensiones de los 90; hoy son esos mismos padres los que llevan a sus hijos de la mano a las plazas, heredándoles las remeras, el ritual del fuego y la memoria del viaje. 

​Hoy, con el fallecimiento del Indio pegando fuerte en el sentimiento de la gente, los fanáticos volvieron a buscar ese refugio histórico en Moreno y Belgrano. 

 Ya no queda nada de la famosa mesa de la conferencia, pero  hoy en las veredas abandonadas caen las lágrimas de una marea que se junta a pegar fotos y a cantar. El líder ya no está, las luces del salón se apagaron para siempre, pero el fuego de la calle sigue encendido. Ahora Patricio Rey pertenece a la memoria y a  los corazones de la "tribu de la calle" . 

*Por Maximiliano Cooper Pondarre 

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