Beto Álvarez: "En la jineteada se nace y se aprende: la experiencia te lleva a la perfección"

17/02/2026

Con más de treinta años sobre el lomo de los reservados y tras haber sido ganador en la edición pasada, Beto Álvarez analiza el presente del 22° Festival Nacional de Doma y Folklore. En una charla sobre el oficio, las reglas del campo y el cuidado de los animales, el tradicionalista explica por qué, a pesar de los años, la pasión por el reservado se mantiene intacta y se hereda de generación en generación.

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Beto Álvarez lleva la tradición en la sangre. Su historia con los reservados comenzó a los 9 años entre petisos, y a los 13 tuvo su bautismo de fuego en las jineteadas de su pueblo natal, Blanca Grande. Aquel inicio marcó el punto de partida de una trayectoria que se extendió por más de tres décadas. Hoy, alejado de la monta activa, le toca la responsabilidad de ser uno de los jurados del 22° Festival Nacional de Doma y Folklore.

Ataviado con su boina, camisa, chaleco, bombachas de campo y botas, Álvarez habló en exclusiva con Sabadazo (FM Sapiens) y Diario Olavarría sobre los secretos de la jineteada y la importancia de defender la cultura campera.

Respecto al balance de esta edición, ante la consulta sobre el desempeño en el campo, Álvarez destacó la calidad de la competencia: "Hubo muy buen nivel de caballos y de jinetes. El trabajo nuestro consiste en llevar una puntuación prolija día por día para sacar las mejores seis jineteadas de entre los más de cien caballos que pasaron en estos tres días", detalló.

En este aspecto añadió: "Hace un año que dejé y estuve 30 años montando. Hoy me toca mirar desde afuera y soy uno de los jurados, pero si tuviera que elegir y volver para atrás, elegiría ser jinete. El tiempo pasa y uno tiene los conocimientos para ser jurado", comentó. Cabe destacar que hubo aproximadamente 110 jinetes y 110 caballos provenientes de la provincia de Buenos Aires y zonas limítrofes.

Sobre la jineteada, Álvarez explicó que es una evaluación constante tanto del caballo como del hombre. "Nosotros juramos al caballo, que tiene que salir corcoviando, y al hombre, que debe ir bien sentado en los bastos, jineteando con prolijidad. Hay reglas claras: no se puede tocar al caballo con la mano del rebenque; si eso pasa es 'charque' y el puntaje baja a cero automáticamente. Hay que cumplir el tiempo establecido sin perder la postura", indicó.

Al ser consultado sobre las cualidades de un buen jinete, fue categórico: "Yo creo que en esto se nace. Como en cualquier deporte, uno no piensa en lo que le puede pasar arriba del caballo; simplemente nos gusta". Para él, la técnica se complementa con el instinto: "Se necesita agilidad, vista y fuerza en las piernas. Con el tiempo aprendés los detalles que no se ven de afuera: cómo acomodar el recado, cómo estribar y cómo poner bien un bocado".

Sobre la sensación de estar en el campo, añadió: "Es una adrenalina tremenda. En un festival como el de Olavarría tenés 15 mil personas mirándote, pero en ese momento tu atención está cien por ciento en el animal: que esté bien parado, bien cinchado y que no se nos caiga".

En lo que respecta a los cuidados, señaló que el caballo de jineteada es uno de los mejores cuidados que hay: "Trabaja apenas 12 o 13 segundos y después vuelve al campo con ración, controles veterinarios y toda la sanidad al día. Para traer un caballo a este festival tiene que pasar controles policiales y médicos estrictos; están de primera".

Ante las críticas contra la actividad, el tradicionalista sostuvo que "es un tema complicado. Yo respeto mi cultura, la quiero y la admiro. La jineteada no empezó ayer; mi viejo tiene 74 años y ya existía, mi abuelo también la vivía. No estoy en contra de nadie, pero pido que se respete nuestra cultura. Cada cual tiene su deporte y este es el nuestro".

Beto Álvarez es un tradicionalista que viene de familia: "Mi papá es hombre de campo, tengo un hermano que también fue jinete y hoy mi hijo de 7 años ya anda de bombachas y gorra; hoy va a subir al escenario conmigo. Yo no lo obligo a nada, pero él va mamando la tradición día a día. Dios dirá si el día de mañana decide montar".

Finalmente, destacó el ambiente entre colegas: "Somos muy compañeros. Durante mis 30 años como montador jamás vi egoísmo. Capaz vas a un palo y un colega te dice: 'Beto, cuidate que este caballo sale para tal lado'. Todos queremos ganar, pero somos todos conocidos que nos encontramos cada domingo. Al final del día, gane el hombre o gane el caballo, seguimos siendo todos amigos", concluyó.















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