LA CULTURA DE LA CRISIS Y LA DESIDIA FRENTE A NUESTROS ADULTOS MAYORES:

La muerte como único despertador de la conciencia: por qué Olavarría y la Provincia necesitan romper la 'cultura de la crisis' y asumir un compromiso ético que devuelva la dignidad a los adultos mayores, lejos de las excusas y los controles a la distancia."

08/01/2026
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Del mismo modo que sucede con los pacientes que no se “cuidan” y sólo toman contacto con el médico cuando un acontecimiento los atraviesa, los modifica o literalmente los mata, sucede con la sociedad en que vivimos. 

La salud de nuestra comunidad sólo se vuelve tema cuando algo estalla, entra en crisis o la vida de las personas se convierte en el costo a pagar por la irresponsabilidad, la desidia, la corrupción y la improvisación.

En Argentina, la cultura de la crisis nos define: lo urgente tapa lo importante. Como señaló Cornelius Castoriadis, “una sociedad que no se piensa a sí misma está condenada a repetir sus fracasos”. Y aquí lo vemos: la falta de planificación y control sobre los hogares de adultos mayores nos expone a tragedias evitables.

El siniestro ocurrido en el Hogar "La Sabiduría" de Olavarría, donde fallecieron abuelos que deberían haber estado protegidos, es un espejo doloroso de esta realidad. No se trata sólo de sancionar o clausurar después de la fatalidad. Como advirtió el gerontólogo Robert Butler, pionero en el estudio del envejecimiento, “la calidad de una sociedad se mide por cómo trata a sus mayores”. En nuestro caso, la medida es alarmante.

El ESTADO AUSENTE Y LAS EXCUSAS QUE REPULSAN:

El Estado, en cualquiera de sus formas —nacional, provincial o municipal— no funciona como debería. Los controles son espasmódicos, las reacciones tardías y las oposiciones políticas prefieren especular antes que asumir responsabilidades. La ciudadanía escucha siempre la misma letanía: “es un problema viejo”, “viene de arrastre”, “corresponde a otra jurisdicción”. Pretextos que irritan y que denotan la pobreza ética de quienes deberían liderar.

Un intendente que tiene lo que hay que tener no puede esquivar esta responsabilidad. Debe ser el primero en convocar al gobernador, a los propietarios de los hogares, a los concejales, a los centros de jubilados y a todos los actores necesarios para encauzar la situación. 
No alcanza con la foto: se necesita liderazgo real, presencia y gestión. Hannah Arendt recordaba que “la política es la responsabilidad de estar con otros y por otros”. Aquí, esa responsabilidad se ha evadido.

CENTRALIZACIÓN, CORRUPCIÓN Y ABANDONO:

La concentración de controles en La Plata sólo genera corrupción y pésimo funcionamiento, como sucede con el IOMA. 
Que funcionarios provinciales aparezcan en Olavarría a clausurar un hogar después de las muertes suena a burla. ¿Dónde estaban antes? ¿Qué harán con los demás hogares que tampoco cumplen requisitos? ¿Quién se hará cargo de los abuelos?

La gerontóloga argentina Nélida Redondo ha insistido en que “los adultos mayores requieren políticas de proximidad, cercanas, que los reconozcan como sujetos de derecho y no como carga”. La descentralización hacia los municipios es imprescindible: son ellos quienes pueden trabajar de manera comprometida y cercana.

UNA SOCIEDAD QUE ANESTESIA SU CONCIENCIA:

Los medios y las instituciones educativas también tienen responsabilidad. Prefieren distraer y anestesiar la realidad en lugar de fomentar pensamiento crítico. Como advierte Martha Nussbaum, “una democracia sólo puede sostenerse si sus ciudadanos aprenden a pensar por sí mismos y a mirar el mundo con ojos críticos”. Si se educa para la pasividad, el resultado es una ciudadanía que sólo reacciona frente a la muerte injusta.

PROPUESTA DE SALIDA: EMERGENCIA Y CONSENSO:

En honor a los abuelos fallecidos y a las familias que hoy cargan con un dolor irreparable, corresponde que: <EL INTENDENTE MUNICIPAL Y EL GOBERNADOR DE LA PCIA DE BUENOS AIRES DECLAREN DE MANERA INMEDIATA EL ESTADO DE EMERGENCIA DE TODOS LOS HOGARES DE ADULTOS MAYORES EN EL TERRITORIO PROVINCIAL>. 

Esta medida debe ser el punto de partida para <CONVOCAR A TODAS LAS FUERZAS POLÍTICAS A ELABORAR UNA LEY INTEGRAL QUE IMPULSE LA DESCENTRALIZACIÓN DEL MANEJO Y FUNCIONAMIENTO DE ESTOS HOGARES OTORGANDO A CADA MUNICIPIO UNA PARTIDA PRESUPUESTARIA ESPECÍFICA PROVENIENTE DE LA PROVINCIA>.

La nueva legislación debe establecer un piso normativo y un protocolo básico que toda ordenanza municipal deberá contener para regular habilitaciones, funcionamiento y controles. 

A partir de allí, los intendentes tendrán la obligación de convocar de manera urgente a todos los bloques de concejales para constituirse en comisión y redactar una ordenanza integral que regule con precisión la operatividad de los hogares de adultos mayores.

En este proceso, los concejales deben convocar a los propietarios de los hogares, a los centros de jubilados y a especialistas gerontólogos para conformar una mesa de consenso. 
Sólo con la participación de quienes están directamente involucrados y de quienes poseen conocimiento técnico se podrán aprobar ordenanzas y nuevas normativas que sean realistas, aplicables y sostenibles en el tiempo.

Este relevamiento exhaustivo de todos los hogares deberá estar a la vista del público y de los familiares, garantizando transparencia y confianza. Los centros que no estén habilitados bajo estas normas no podrán funcionar bajo ninguna circunstancia.

CONCLUSIÓN: CURAR Y CUIDAR:

La propuesta no es sólo administrativa: es un compromiso ético y político. Porque como señaló Simone de Beauvoir, “el grado de civilización de una sociedad se juzga por la manera en que trata a sus ancianos”. 

Hoy, en Olavarría y en toda la provincia, esa dignidad está en juego. Declarar la emergencia, descentralizar el control, establecer protocolos claros y abrir el debate a todos los actores es el único camino para transformar la tragedia en un punto de inflexión que honre la memoria de quienes ya no están y proteja a quienes aún esperan que los cuidemos.

La muerte injusta no puede ser el único despertador de nuestra conciencia. 

La sociedad olavarriense necesita dirigentes que pongan el cuerpo, que asuman compromisos hacia el futuro y que comprendan que los adultos mayores no son un problema a clausurar, sino una memoria viva que nos sostiene. Como escribió Eduardo Galeano, “la utopía sirve para caminar”. La utopía aquí es simple y vital: una comunidad que cuide a sus mayores con dignidad, planificación y justicia.

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