
Madame Lu: de Recalde a Netflix

Thiara Miguez (*) / Agencia Comunica
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A los 12 años decidió abandonar el género con el que no se sentía identificada y comenzó su transición para convertirse en Victoria Altavista. A sus 38 años parece moverse entre dos mundos que, en realidad, son uno solo. Por un lado, está Madame Lu, la artista que se sube a un escenario, conduce programas del ámbito del espectáculo, entrevistas, debates y cultura, y hoy puede decir que participó en una producción internacional para Netflix. Por el otro, la militante que escucha familias, acompaña adolescentes, coordina espacios de diversidad y participa en cada marcha que considera justa. Todo forma parte de una misma construcción que comenzó mucho antes de que existieran los reflectores. “Madame Lu era esa niña que jugaba en su habitación”, recuerda.
Desde Recalde hasta Olavarría, el recorrido de Victoria estuvo marcado por búsquedas y desafíos. Hace ocho años decidió instalarse en la ciudad y comenzar una nueva etapa. Aunque reconoce que Olavarría la recibió bien, recuerda especialmente un episodio ocurrido durante una Fiesta de Olavarría: “recibí un escupitajo”, cuenta. También recuerda insultos y comentarios que la hicieron volver a su casa llorando. “A pesar de todo me quedo siempre con lo lindo, es lo que me ayuda a seguir”, afirma.

Victoria sabe que no todas las personas trans tienen la misma experiencia. “Yo tuve la suerte de que mi familia me cobijó”, explica. Por eso insiste en la necesidad de construir redes de apoyo y fortalecer los espacios de contención. “Cuando yo empecé a transicionar no había un espacio de diversidad al que pudiera ir”, recuerda. Por eso, hoy ella acompaña a familias, adolescencias e infancias que atraviesan procesos similares, desde el espacio de diversidad sexual y Criar con Alas.
Habla de estos trabajos con una mezcla de orgullo y responsabilidad. “Este espacio es sagrado”, afirma. Allí, explica, se escucha, se orienta y se acompaña sin horarios. “Si tenemos que estar hasta las 4 de la mañana hablando con alguien para que esté mejor, vamos a estar”, asegura. Para ella se transformó en una familia. “No somos muchos, pero los que estamos tenemos mucho compromiso”, resume.
La defensa de los derechos de la comunidad LGBTQ+ atraviesa toda su actividad. Cuando se le pregunta cuáles son las principales problemáticas actuales, responde sin dudar: “La salud y el trabajo”. También señala las dificultades para acceder a la educación, la discriminación cotidiana y la necesidad permanente de reclamar derechos básicos. “Todo lo que es mantener derechos para nosotras parece que siempre hay que mendigarlo”, sostiene. La frase refleja la necesidad constante que tienen de explicar aspectos fundamentales de su identidad.
En ese contexto, considera que la escuela y los espacios públicos tienen un rol central. “La escuela tiene que ser un lugar de refugio”, afirma. No se trata solamente de garantizar el acceso a la educación, sino de construir ámbitos. “Hay que valorar estos espacios para que no desaparezcan”, advierte. Para Victoria, el acompañamiento institucional puede marcar una diferencia fundamental.
La comunicación también ocupa un lugar importante en su mirada. Como conductora del programa de radio Algo va a pasar con Madame, que se transmitía a través de YouTube, entiende el valor que tienen los medios para amplificar voces históricamente silenciadas. “Es importante tener una voz”, sostiene. “Antes nos querían silenciar, por eso es importante que los medios comuniquen lo que pasa en nuestra comunidad”, concluye. Además, contó que continúa trabajando para que el programa vuelva al aire, después de un largo periodo de descanso que decidieron tomarse, van a retomar para poder seguir generando espacios de visibilización.
La llegada a la serie sobre Moria Casán representa uno de los capítulos más inesperados de su recorrido. “Cuando me dijeron que estaba seleccionada pegué un grito”, cuenta. “Fue una locura”, recuerda entre risas. En el set, rodeada de cámaras, técnicos y actores, comprendió la magnitud del proyecto. “Cuando llegué y vi la producción me emocioné mucho”, asegura.
Con el paso de los días comenzó a mantener contacto con Moria Casán a través de las redes sociales. Sin embargo, para Victoria el valor de la experiencia va mucho más allá de lo artístico. “Había muchas personas de la comunidad LGBTQ+ y fue como encontrarnos”, explica. Lo interpreta como una oportunidad colectiva. “Son puertas que se abren y ayudan a visibilizar a toda nuestra comunidad” sostiene. Resume aquella experiencia con una frase cargada de orgullo: “Yo estoy en Netflix” (se la puede ver en el episodio 2, titulado “Soy de otro sistema solar”).
Con la serie ya estrenada en Netflix, aquella experiencia tomó una nueva dimensión para Victoria. “Me siento feliz y me da mucha emoción poder haber estado ahí”, cuenta. La producción superó sus expectativas y las de su entorno, y verla finalmente en pantalla le permitió revivir el significado de aquella participación. Se emocionó especialmente con la escena en la que aparece, pero también con distintos momentos de la historia de Moria Casán, a quien admira profundamente. “Es muy atrapante y me encantaría que haya una parte 2”, reconoce, y destaca el valor de una producción que, según su mirada, muestra “la historia de una madre y una hija que se fueron haciendo solas”.
El estreno también trajo consigo el reconocimiento del público. Los comentarios en redes sociales, los saludos en la calle y la reacción de su familia hicieron que la experiencia fuera todavía más significativa. “El amor de la gente que sigue es tan lindo. Yo soy muy agradecida de eso”, expresa. Para Victoria, ese cariño es también una forma de sostén: “Ese amor es el que ayuda a seguir en pie y vivir mi vida como la elegí en aquel momento”. Entre la emoción por haber sido parte de la serie y la repercusión que generó su aparición, Madame Lu vuelve a mirar hacia adelante con la certeza de que esta experiencia puede ser apenas una de las tantas puertas que todavía quedan por abrir.
A pesar de la exposición y los nuevos desafíos, Victoria sigue con la misma convicción que la impulsó desde el comienzo. No se imagina lejos del acompañamiento. “Siempre ayudando al otro”, responde cuando le preguntan cómo se ve en el futuro. Tampoco deja de pensar en aquella niña que soñaba a puertas cerradas. Por eso, cuando le preguntan qué le diría hoy, responde: “A esa niña le diría que se puede. Más allá de los nervios, las lágrimas y las inseguridades, SE PUEDE”. Y con una certeza construida a fuerza de perseverancia agrega la frase que resume toda su historia: “Los sueños se cumplen”. Hoy, uno de esos sueños ya llegó a una pantalla y pudo ser compartido con miles de personas. Pero la historia de Victoria no termina ahí. La pregunta que queda abierta es cuántas otras historias esperan todavía encontrar las oportunidades, los espacios y el acompañamiento necesarios para demostrar que esos sueños también pueden hacerse realidad.
(*) Trabajo realizado para la cátedra Redacción periodística I, de la carrera de Periodismo de la FACSO




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