
Volver a la FIO en busca de nuevos desafíos

Hay regresos que no son exactamente volver al mismo lugar. Se vuelve con otros años, otras experiencias y una mirada que se construye andando el camino. Es el caso de Ramiro Sánchez, Ingeniero en Alimentos oriundo de Santa Fe que llegó a la Facultad de Ingeniería de la UNICEN en 2014 para hacer su doctorado, volvió luego a su provincia natal para continuar su formación e incorporarse a la Carrera de Investigador y, este año, eligió regresar a Olavarría para continuar su desarrollo profesional.
Desde abril, Sánchez es Profesor Adjunto, con Dedicación Exclusiva y carácter interino, del Departamento de Ingeniería Química y Tecnología de los Alimentos de la FIO, donde desarrolla tareas docentes en Operaciones Unitarias I, Laboratorio Integral I y Operaciones Unitarias III.
Esta vez, el regreso tuvo además una particularidad: no volvió solo. Se radicó en Olavarría junto a su familia y, apenas unos meses después, ya habla de la FIO con una familiaridad que parece tener algo de reencuentro. “Olavarría es como mi segunda casa, como volver a casa”, sostiene el investigador.
Ramiro se formó como ingeniero de alimentos en la Universidad Nacional del Litoral, en Santa Fe. Su llegada a la FIO fue en el año 2014, a partir de una beca de investigación, para realizar su doctorado bajo la dirección de Susana Nolasco y Belén Fernández.
Entre 2014 y 2019 trabajó en el desarrollo de nuevas tecnologías y enfoques para mejorar la obtención de aceite de canola. En ese momento, las redes neuronales (hoy modelos estrella en el desarrollo de la IA) comenzaban a abrir nuevas posibilidades para el análisis y el modelado de procesos y Sánchez se incorporó a ese campo de trabajo, combinándolo con herramientas de modelado matemático.
Una vez recibido de Doctor en Ingeniería, Ramiro volvió a Santa Fe para realizar un postdoctorado en el Instituto de Desarrollo y Diseño (INGAR), organismo de CONICET y la UTN, donde desarrolló la segunda etapa de su carrera como investigador.
Fue allí donde incorporó con mayor fuerza una perspectiva que hoy considera central: no pensar los procesos solamente desde el laboratorio, sino también desde su viabilidad económica, ambiental y posibilidades concretas de transferencia.
Su trabajo se orientó entonces hacia los procesos de separación mediante membranas, tecnologías que funcionan como barreras físicas capaces de separar distintos componentes y que tienen aplicaciones, entre otras áreas, en tratamientos de residuos y en la concentración de compuestos de interés. Pero más que una tecnología específica, lo que Sánchez aprendió en esa etapa fue una forma de mirar los problemas.
En INGAR encontró un ámbito con una relación muy estrecha con la industria. Las necesidades concretas de las empresas podían convertirse en preguntas de investigación y, a la vez, los resultados de la investigación podían regresar rápidamente al territorio. “Algo muy importante en el desarrollo de un proceso es la parte económica, quizás la más importante en la vida real, básicamente”, explica.
Esa experiencia lo llevó a trabajar con empresas y emprendimientos de diferentes sectores, no solamente vinculados con la industria alimentaria. Entre otras experiencias, participó en propuestas para una distribuidora de alimentos y para una empresa maderera que buscaba alternativas frente a la caída de la actividad de la construcción.
En este último caso, una de las estrategias consistió en aprovechar un stock de madera que había quedado inmovilizado para desarrollar un prototipo. La lógica era la misma que atraviesa muchos procesos industriales: encontrar nuevas posibilidades para recursos que ya existen y convertir un problema en una oportunidad.
“Eso no es ni más ni menos que lo que hacemos nosotros desde la investigación, aplicado a otro contexto. El framework es el mismo”, señala el ingeniero.
Una forma de pensar que también vuelve al aula
Para Sánchez, una de las mayores herramientas que puede llevarse una persona de su paso por la Universidad no es necesariamente recordar cada conocimiento aprendido, sino incorporar una forma de pensar los problemas.
“Los conocimientos no te los vas a acordar de memoria. A lo sumo te acordarás dónde buscar las cosas después. El mayor capital y el valor que tiene un estudiante que sale graduado es la forma de pensar”, asegura. Esa mirada es también parte de lo que busca trasladar a sus clases en la FIO.
En Operaciones Unitarias I, Laboratorio Integral I y Operaciones Unitarias III trabaja con estudiantes que están avanzando en su formación y que pronto se encontrarán con problemas concretos del mundo profesional. Por eso, su intención es que lo que el grupo aprende a partir de la investigación, la vinculación y el trabajo con empresas también pueda llegar al aula y enriquecer la formación de los futuros profesionales. “Mi anhelo y el de todo el grupo es tratar de enriquecer también la formación de los chicos, que salgan con más herramientas y con esa visión”, explica el docente.
Volver con otra mirada
El regreso a la FIO fue también una decisión profesional. Cuando apareció la posibilidad de presentarse a un concurso docente, Sánchez dudó. Ya tenía experiencia universitaria y una carrera de investigación construida en Santa Fe, pero no estaba seguro de contar con los años de trayectoria suficientes para dar ese paso.
Se animó: ganó el concurso y, en abril, volvió a Olavarría junto a su familia. “Me siento muy a gusto acá”, sostiene. Desde entonces, comenzó a trabajar para conectar su experiencia previa con las capacidades y necesidades de la Facultad y de la región. Ya surgieron conversaciones con empresas, proyectos de vinculación y la posibilidad de incorporar equipamiento para continuar y ampliar la línea de trabajo con membranas. También participa junto al grupo en la presentación y acompañamiento de estudiantes a convocatorias de becas.
La idea es que ese vínculo funcione en varias direcciones: que las necesidades de la industria puedan generar nuevas preguntas para la investigación; que los resultados puedan transformarse en servicios o transferencias; y que todo ese aprendizaje vuelva a la formación de los estudiantes. “Estamos tratando de desarrollar vinculaciones todo el tiempo”, cuenta.
Sánchez vuelve a una Facultad en la que se formó, pero lo hace después de haber recorrido otros espacios, trabajado con empresas de distintos tamaños y sectores y aprendido otra manera de pensar la relación entre investigación y territorio. Ahora busca poner esa experiencia en diálogo con lo que encuentra en la FIO. “Creo que estas potencialidades fortalecen a la industria sabiendo que tienen acá gente que puede dar una mano”, confía.
Y esa es, quizás, la mejor síntesis de este regreso: volver para seguir aprendiendo, pero también para compartir lo aprendido y ayudar a que las capacidades que existen en la Universidad encuentren nuevos caminos hacia la comunidad y la región.




Partieron los gauchos Peregrinos a Luján
16/09/2026

