Psicofármacos: mitos, miedos y verdades

13/07/2026

Frente al aumento del estrés cotidiano y la desinformación en redes, desarmar los prejuicios sobre la medicación psiquiátrica es clave para entenderla como lo que es: una herramienta de cuidado, salud y bienestar, siempre combinada con la terapia.

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Por las Dras. Lucía López/ Ileana Pozzi

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En las últimas décadas, el uso de psicofármacos ha aumentado de manera significativa en todo el mundo. Al mismo tiempo, vivimos en una sociedad cada vez más acelerada, atravesada por el estrés, la incertidumbre y las exigencias permanentes. Muchas personas destinan gran parte de su energía simplemente a afrontar las demandas cotidianas, mientras reciben mensajes constantes sobre cómo "deberían" sentirse o qué metas deberían haber alcanzado. Para muchos, el bienestar parece convertirse en un lujo.

Argentina, además, cuenta con una de las mayores tasas de psicólogos per capita del mundo. Sin embargo, las demoras para acceder a un tratamiento o sostener su continuidad siguen siendo una realidad para muchas personas.

En este contexto, los psicofármacos ocupan un lugar cada vez más visible en las conversaciones sobre salud mental. Lamentablemente, también circula mucha información errónea, muchas veces transmitida de boca en boca o difundida en redes sociales sin respaldo científico. Estos mitos pueden generar miedo, retrasar la consulta y alejar a quienes necesitan tratamiento.

"Si necesito medicación es porque soy débil"

Este es quizás uno de los mitos más dañinos. La salud mental, al igual que la salud física, está influida por múltiples factores biológicos, psicológicos y sociales. Nadie considera que una persona con diabetes sea débil por necesitar insulina, o que alguien con hipertensión fracase por tomar medicación. Los trastornos mentales merecen el mismo respeto y comprensión.

Pedir ayuda y aceptar un tratamiento no representa una falta de fortaleza. Por el contrario, muchas veces constituye uno de los actos de mayor valentía.

"Voy a depender de una pastilla para toda la vida"

Otra preocupación frecuente es creer que comenzar un tratamiento implica tomar medicación para siempre. Si bien existen enfermedades en las que el tratamiento prolongado puede ser necesario, en muchos casos los psicofármacos forman parte de una etapa del proceso terapéutico y no constituyen un tratamiento permanente.

Su objetivo es disminuir el sufrimiento y aliviar síntomas que, en ocasiones, impiden realizar incluso las actividades más básicas del día. Para una persona con depresión, levantarse de la cama puede requerir un enorme esfuerzo. Para alguien con un trastorno de ansiedad, salir de su casa puede convertirse en un desafío cotidiano. La medicación busca reducir esa carga para que la persona pueda recuperar su funcionamiento y aprovechar otras herramientas terapéuticas, como la psicoterapia, los cambios en el estilo de vida y el fortalecimiento de sus recursos personales.

Con el tiempo, y siempre bajo seguimiento profesional, muchas personas pueden reducir progresivamente la medicación e incluso suspenderla cuando las condiciones clínicas lo permiten.

"Todos los psicofármacos generan adicción"

Este es uno de los mitos más extendidos.

En realidad, la mayoría de los antidepresivos, estabilizadores del ánimo y antipsicóticos no generan adicción en el sentido habitual del término. Es decir, no producen la necesidad compulsiva de consumirlos ni la búsqueda de dosis cada vez mayores para obtener el mismo efecto.

Sin embargo, algunos medicamentos, como las benzodiacepinas, sí pueden generar dependencia cuando se utilizan durante períodos prolongados o sin el adecuado control médico.

Además, muchos psicofármacos producen adaptaciones graduales en distintos sistemas de neurotransmisores. Por ese motivo, su suspensión suele realizarse de manera progresiva. Interrumpir un tratamiento de forma brusca puede provocar síntomas de discontinuación o favorecer la reaparición del trastorno que motivó el tratamiento.

"Si ya me siento mejor, puedo dejar la medicación"

Sentirse mejor suele ser una excelente noticia, pero no significa necesariamente que el tratamiento haya terminado.

En muchos casos, la mejoría aparece porque el medicamento está siendo efectivo. Suspenderlo antes de tiempo aumenta el riesgo de recaídas y puede dificultar el tratamiento posterior. Por eso, cualquier modificación de la medicación debe realizarse junto con el profesional tratante, quien evaluará el momento adecuado y la forma más segura de hacerlo.

También es importante recordar que muchos antidepresivos no actúan de manera inmediata. A diferencia de un analgésico, pueden requerir entre dos y seis semanas para alcanzar su efecto terapéutico completo. Conocer esto ayuda a evitar frustraciones y abandonos prematuros.

"Los psicofármacos cambian la personalidad"

Muchas personas temen dejar de ser quienes son.

Cuando un psicofármaco está correctamente indicado, su objetivo no es modificar la personalidad, sino aliviar síntomas que justamente impiden que la persona pueda vivir de acuerdo con ella. Una depresión puede apagar el interés y el disfrute; un trastorno de ansiedad puede mantener a alguien en un estado permanente de alerta; una psicosis puede alterar profundamente la percepción de la realidad.

El tratamiento busca disminuir esos síntomas, no cambiar la esencia de quien los padece.

"La medicación sola resuelve el problema"

Los psicofármacos son una herramienta muy valiosa, pero rara vez constituyen la única respuesta.

En muchos trastornos, la evidencia científica muestra que la combinación entre medicación y psicoterapia ofrece mejores resultados que cualquiera de las dos estrategias por separado. Mientras la medicación ayuda a aliviar los síntomas, la psicoterapia permite desarrollar herramientas para afrontar las dificultades, comprender los factores que las sostienen y disminuir el riesgo de recaídas.

Como cualquier tratamiento, tienen beneficios y riesgos

Ningún medicamento está completamente libre de efectos adversos, y los psicofármacos no son la excepción. Por eso, la indicación siempre debe ser individualizada, considerando el diagnóstico, la edad, las enfermedades asociadas, otros tratamientos que reciba la persona y sus características particulares.

No existe un psicofármaco que sea "el mejor" para todos. Lo que resulta muy útil para una persona puede no ser la opción adecuada para otra.

Por eso es importante evitar tanto la automedicación como la suspensión del tratamiento sin consultar previamente al profesional tratante.

Informarse también forma parte del tratamiento

Los mitos generan miedo, culpa y resistencia. La información basada en evidencia, en cambio, permite tomar decisiones con mayor tranquilidad y acerca a las personas al tratamiento que necesitan.

Los psicofármacos no son una solución mágica, pero tampoco son el enemigo. Son herramientas terapéuticas que, cuando están correctamente indicadas y acompañadas por seguimiento profesional, pueden aliviar el sufrimiento, favorecer la recuperación y mejorar la calidad de vida.

Hablar de salud mental con información confiable es una forma de combatir el estigma y de contribuir a que más personas pidan ayuda a tiempo. Porque cuidar la salud mental también es cuidar la salud.

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