
Antonio Formaro: "Defender la música en vivo es defender nuestra propia humanidad frente a lo automatizado"
13/06/2026​El virtuoso intérprete argentino repasa su trayectoria internacional y la cocina de un oficio que exige un rigor inmenso. En un mano a mano imperdible, reflexiona sobre la complejidad del repertorio clásico y por qué la emoción de una sala real es un acto humano que ninguna máquina podrá replicar.

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​El pianista argentino Antonio Formaro es amable, formal y cortés. Ha estado en los escenarios más importantes de Europa y de Latinoamérica. Aclamado por la prensa como “uno de los mejores pianistas argentinos” (Buenos Aires Herald – P. Bardin) y un “pianista de extraordinario talento” (Lazar Berman), se ha consolidado en su carrera tanto por su brillantez técnica y profundidad interpretativa, como por su extraordinaria formación musical.
Su trayectoria le valió la obtención del título de “Doctor en Música” por la Universidad Católica Argentina (UCA) en la especialidad de musicología e interpretación, gracias a su tesis doctoral sobre la obra para piano de Mendelssohn, lo cual lo posiciona de manera singular entre los pianistas más destacados de la actualidad.
​Tuvo su debut en el Teatro Colón de Buenos Aires a los 17 años y su primera gira internacional en 1999. De esta forma, el maestro Formaro se convirtió en solista de las orquestas más importantes de la Argentina, Latinoamérica y Europa, brindando además recitales en las salas de mayor prestigio con críticas elogiosas.
Esto lo ha llevado a debutar en la mítica Gewandhaus de Leipzig (Alemania), el Festival Pianístico de Bologna, la Mendelssohn-Saal de Berlín, la Philharmonie Hradec Králové de República Checa, la Academy Saint Martin in the Fields de Londres y el Konzerthaus de Viena. Asimismo, los inicios del 2020 marcaron su debut como concertista en los Estados Unidos, en el Westminster Hall de Princeton University (New Jersey), y en Canadá. Sus avales académicos incluyen también los títulos de Profesor Superior de Piano del Conservatorio Nacional “López Buchardo” y Licenciado en Composición de la Facultad de Artes y Ciencias Musicales de la UCA, en donde ejerce la dirección del departamento de la Licenciatura en Piano.
Es parte del cuerpo docente de la Maestría en Música de Cámara en la Universidad Nacional de Rosario, y dicta seminarios y clases magistrales en el interior y exterior del país, incluyendo las universidades de Talca (Chile), Princeton (EE.UU.), New Brunswick (Canadá) y Cuenca (Ecuador).
En diálogo con este portal, nos reveló parte de su intimidad a la hora de estudiar las obras, cómo se prepara para los conciertos y destacó lo importante que es ir a escuchar música en vivo, entre otros temas.
​Su amor por la música comenzó desde muy chiquito; antes de que supiera leer y escribir, estaba muy obsesionado con un tocadiscos. Su familia detectó que tenía una gran capacidad para aprenderse las canciones y óperas italianas que escuchaban sus abuelos, de descendencia italiana.
A partir de ahí, Antonio, con sus veintinueve años de trayectoria que asoman desde aquellos inicios, fue a estudiar a un conservatorio privado de Wilde, su ciudad natal, que queda en la zona sur de Avellaneda. Allí conoció el piano y empezó a tocarlo sin que nadie se lo explicara; lo entendió y se enamoró del instrumento.
"En ese tiempo me surgió un gran interés en los compositores, más que en el piano en sí, es decir que ese instrumento fue un medio para conocer la música clásica. Por eso les pedí a mis padres que me compren discos y cassettes, lo que había en esa época. Rápidamente mi oído fue naturalmente hacia esa música", remarcó.
Para él, la música lo transporta a un mundo de una belleza que, según su punto de vista, "es muy difícil de describir" y le da la sensación de estar en otro plano de felicidad. Lo lleva a un universo de diferentes creaciones; cada vez que toca el piano, se transporta al pensamiento de los grandes compositores, como también a las distintas estéticas y conceptos de belleza que ha tenido la música a lo largo de tres o cuatro siglos. Por lo tanto, para el maestro, el piano es un medio para tener contacto con esa música de todos los tiempos y con los diferentes autores, que van desde lo clásico y la música de cámara, hasta el rock y otros géneros populares.
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Cuando se le preguntó sobre cómo se adapta a cada piano cuando viaja a dar conciertos, el maestro respondió: "En ese sentido yo no soy muy mañoso, a cada instrumento le encuentro alguna particularidad, incluso hasta en pianos que no están en un estado óptimo, y me pregunto ¿qué me puede dar este piano?
"Lo que hago es practicar mucho en el instrumento que me toca, ahí trato de acostumbrarme sobre todo a su tacto, a cómo es su teclado y cómo modular el sonido; eso ya es toda una tarea profesional donde uno saca el puro gusto por la música y se pasa a las herramientas profesionales que ha recibido de sus maestros para poder aprender a dominar al instrumento y sacar lo mejor de él".
También reveló que "hay que tener en cuenta el lugar. Si la sala es muy seca y con poca reverberación, hay que tocar con un poco más de pedales; o al contrario, si la sala es chica y el piano es demasiado grande, hay que tratar de tocar todo más suave de lo que uno estudió. Entonces es un desafío más profesional y ahí hay un cambio final en cuanto al ajuste de cómo preparó uno la pieza.
La sala es el momento final del estudio". En su trayectoria, Formaro también ha grabado varios CDs para distintos sellos que reflejan tanto su "expertise" en Mendelssohn, su predilección por el repertorio clásico-romántico, y la difusión del repertorio argentino, estrenando obras escritas especialmente para él por Marta Lambertini, Thomas Parente y el Concierto Tango para piano y orquesta de Martín Palmeri.
​En cuanto a los trabajos con las sinfónicas, el maestro explicó: "A los dieciséis años tuve la suerte de tocar como solista de orquesta, lo cual es muy difícil tener esa posibilidad. Yo accedí por medio de un concurso y ya cuando empecé a actuar gané bastante experiencia y repertorio.
Para mí la orquesta es una estructura que es deslumbrante, es el diálogo de un protagonista y la orquesta que tiene todos sus colores.
En lo particular, con los directores he tenido experiencias buenas, se aprende mucho porque uno también entiende que la idea del director no es exactamente igual a la de uno y bueno, hay que concertar, esa es la palabra: concierto.
Lo que más disfruto es el ensamble particular con cada familia de instrumentos; al estudiar composición me ayudó a conocer la instrumentación lo mejor posible. Yo toco desde Mozart hasta conciertos del siglo XX argentinos que vienen de la mano de grandes compositores; cada uno es distinto. Entonces no hay una sola forma de tocar cada concierto ".
​"Para un concierto de piano y orquesta, en mi opinión, lleva un año de estudio mínimo, es lo ideal. Tanto desde aprenderlo como de memorizarlo y luego de saber bien la parte orquestal. En ese sentido, para mí no hay obra fácil o difícil.
Los conciertos todos son difíciles, algunos requieren de grandísima virtuosidad, como es el caso de los grandes repertorios rusos como Tchaikovsky o Rachmaninoff; son conciertos que tienen una demanda puramente muscular inmensa.
Uno tiene que estar en un nivel donde le haga honor al estilo de compositores tan importantes y eso lleva tiempo de internalización, sobre todo porque, a diferencia del recital, uno no maneja el ritmo de la ejecución en el concierto como quiere; al ser concertado hay menos libertad", mencionó el pianista.
Además, agregó un método clave de su preparación: "Yo he tomado un consejo de algunos maestros muy importantes donde me dijeron que estudie los conciertos que me gustan mucho antes de saber si los voy a tocar o no.
Conociendo bien las piezas desde la adolescencia, en algún momento se da la oportunidad. Esto es una ventaja porque a veces no tenemos tanto tiempo de preparación, pero uno ya tiene una noción de cómo es la obra a tal punto que, cuando la tenga que interpretar, ya está familiarizado con la pieza, que generalmente son obras de gran envergadura", detalló.
​En este punto, aclaró que hay una gran diferencia entre los recitales de piano solo en lo que respecta a otras formaciones, explicando que el recital es un evento pianístico que, lamentablemente, está desapareciendo un poco al lado de lo que era en tiempos pasados, "pero la verdad que es el momento en el cual el pianista expone lo que siente y piensa de un universo que es la música".
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Para Formaro, la música de piano solo es infinita y también la tiene que limitar por cuestiones de tiempo, pero elige. Y al seleccionar, todo funciona como una declaración de principios: "¿Qué quiero llevar al público? Porque allí la cantidad de compositores es mucho mayor, hay autores que nunca escribieron conciertos de piano, y uno lo arma de tal forma que es todo un evento, es como una pequeña historia que uno cuenta.
El recital tiene la diferencia de que uno lo va cambiando; por ejemplo, hay un esquema, pero de pronto para otra ciudad uno cambia alguna obra, o agrega, y va haciendo su laboratorio más interno, se lo va mostrando al público.
Así que es más móvil el recital, uno tiene más cantidad de estilos que mostrar, o no, puede ser un solo compositor, pero es más libre y requiere la capacidad de cambiar rápidamente de personaje, de época, de música", contó.
​"Al ser también un poco más largo, el recital, obvio, es mucho más difícil porque requiere una concentración de otro tipo. En la preparación uno tiene dos desafíos: o hacer un recital totalmente nuevo, lo cual es tan trabajoso como un concierto de piano, o retomar piezas que tocó muchas veces e ir agregando nuevas, con lo cual es más flexible.
Sin duda, el recital de piano es una experiencia que hay que defender, no porque el concierto de piano y orquesta sea más espectacular tiene que desaparecer, sino porque las grandes obras de los grandes autores en general son para piano solo. Schumann, Beethoven, Chopin, Debussy, quien sea, han creado su base en la música de piano solo, y hay un tesoro ahí tan grande que el recital tiene su disfrute.
Por alguna cuestión del hoy, se toca menos que antes, y la variedad estilística es mucho mayor, porque es un desafío que gran parte de la música de piano es muy íntima.
Schubert, Mendelssohn, Fauré son muy íntimos, Haydn es íntimo; entonces es un desafío tremendo llevar al público, al mundo, en un gran teatro o una sala, la intimidad. Y sin duda también hay música de piano solo que es de una enorme explosividad.
Hay obras que se tocan al final del concierto, generalmente, como la Sonata ‘Appassionata’ o alguna rapsodia húngara de Liszt, que son lo contrario.
Entonces es un desafío muy hermoso; hay mucha variedad de música argentina, hay folclore, hay un montón de cosas que el recital te permite, y te llevás al público y a uno mismo a muchos estados anímicos, así que creo que se compensan las dificultades.
Aunque en cuanto al armado del recital, como uno tiene tanto hecho ya, porque desde el conservatorio se estudian las piezas, puede ser un poquito más flexible, pero no es menos desafiante que los conciertos de piano y orquesta", explicó.
El maestro dejó una interesante reflexión sobre lo importante que es ir a escuchar música en vivo a los teatros, salones o auditorios, marcando una distancia con el avance de las tecnologías frías y los nuevos desafíos conceptuales que se imponen en el arte: "La tecnología puede imitar estructuras, pero nunca va a replicar la respiración, la duda y la emoción que sucede en el milisegundo en que un intérprete se encuentra con su público en una sala.
La música en vivo es un acto de presencia humana insustituible; es el encuentro real entre el pensamiento del compositor, la interpretación viva del artista y la escucha del espectador en ese momento exacto.
Defender el recital en vivo hoy en día es defender nuestra propia humanidad frente a lo automatizado", finalizó Antonio Formado.
​*Por Maximiliano Cooper Pondarré





