
El costurero que cose para todo el hospital
12/06/2026En un rincón del Hospital Municipal “Dr. Héctor M. Cura”, un pequeño equipo confecciona, repara y crea insumos para distintos servicios. Aunque pasa desapercibida para la mayoría de pacientes, su tarea resulta fundamental para el funcionamiento cotidiano de la institución.

Romina, Vanesa y Carlos: una parte del equipo, sosteniendo elementos confeccionados para Neonatología
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Al principio las respuestas son breves y las sonrisas tímidas. Vanesa responde las primeras preguntas sin dejar de mirar las máquinas que la rodean. Con el correr de los minutos, la tensión desaparece.
El mate empieza a girar mientras el equipo escucha la conversación. Luego empiezan las anécdotas, los recuerdos.
Para llegar al costurero del Hospital Municipal “Dr. Héctor M. Cura” hay que atravesar la parte vieja del hospital. Un pasillo gris conduce a una escalera oscura que parece llevar a un sector olvidado del edificio.
Sin embargo, detrás de una puerta blanca aparece un espacio completamente distinto. La habitación es amplia, cálida y está llena de telas, alfileres y máquinas de coser. El contraste con el recorrido previo es inmediato. Allí trabajan cuatro personas que sostienen uno de los sectores menos visibles del hospital.

A simple vista, solo es un taller de costura. Pero al mirar en profundidad, se descubre que es mucho más que eso. Quienes trabajan ahí también están a cargo de la supervisión de limpieza y del lavadero hospitalario.
La costura ocupa los momentos que logran ganar entre recorridas, pedidos de insumos, emergencias y tareas administrativas.
“En realidad, esto es complejo, porque no solo nos dedicamos a hacer la costura, nos hacemos cargo de todo lo que es limpieza y el lavadero también”, explica Vanesa Palacios, coordinadora del sector. La jornada comienza a las seis de la mañana y rara vez sigue un mismo ritmo. “Todos los días son distintos”, agrega.
Aunque el costurero existe desde hace muchos años, durante mucho tiempo solo realizaba arreglos básicos. Gran parte de los insumos textiles se compraban afuera y el espacio había perdido protagonismo.
Eso cambió en 2024. Impulsada por una afición que nació mucho antes de llegar al hospital, Vanesa comenzó a imaginar nuevas posibilidades para el sector: “en realidad se empezó a producir en el 2024 cuando se le volvió a dar la vida a este costurero”, explica.
Mientras lo cuenta, Vanesa se mueve entre las máquinas con naturalidad. Las señala, explica para qué sirven y recuerda cómo aprendió a utilizarlas.
No estudió costura ni tuvo familiares que le enseñaran. Simplemente le gustaba. Vió una máquina a los veinte años y empezó a practicar.
“Hay que hacer esto, ¿lo sabe hacer? No sé, pero intento hasta que me sale”, dice. Así comenzó: con algunos pedidos de distintos servicios. Un babero especial para odontología, algunas toallas y cortinas. Después las colchas, las frazadas, los elementos para neonatología, los tules para dengue y los materiales de apoyo para pediatría. Muchas veces ni siquiera sabían qué era lo que les estaban pidiendo.
“Necesito una moita”, le dijeron una vez desde Neonatología. Vanesa no sabía qué era. Pidió que le mostraran una muestra y aprendió. Hoy, es un producto cotidiano dentro del hospital, un pequeño almohadón que ayuda a contener y estabilizar a los bebés recién nacidos.

Vanesa Palacios coordina este espacio impulsada por su pasión por la costura y el servicio a los demás
Nada parece imposible en ese taller. Los jefes de servicio llegan con una necesidad, una idea o una imagen. El equipo observa, mide, prueba y vuelve a intentar. “Yo siempre digo que si no lo sé, le voy a hacer 50 intentos hasta que me salga.”
El trabajo en el costurero es colectivo. Carlos, por ejemplo, se ocupa de cuestiones administrativas, organiza pedidos y distribuye insumos. Pero también colabora en la producción cuando hace falta.
Romina corta telas, pinta o ayuda en distintos procesos. Todos participan de cada proyecto. “Acá trabajamos todos en conjunto. Es un equipo. Yo te digo, todos hacemos todo, si no saben lo aprendemos”, explica Vanesa.
Así, la palabra equipo aparece una y otra vez durante la charla. También el compañerismo. “Somos un equipo muy muy lindo. Muy unido”, asegura Palacios. Desde la Dirección de Personal, Luciana Ponce acompaña el trabajo del sector y coincide.
“Nunca tuvimos un no” afirma, al describir la predisposición del grupo y de los jefes del hospital frente a cada propuesta.
Esa actitud se refleja en la realización de tareas que exceden la costura. Junto al personal de mantenimiento retapizan camillas, recuperan sillas de ruedas y reacondicionan elementos que parecían destinados al descarte.
Carlos recuerda el caso de una silla de ruedas que repararon y entregaron a una familia que la necesitaba. Tiempo después, el hombre seguía enviando mensajes para agradecer el gesto. “Creo que eso es más satisfactorio que cualquier resarcimiento económico”, dice.

Los integrantes del equipo también están a cargo de la supervisión de limpieza y del lavadero
La dimensión humana atraviesa todo su trabajo. Cuando hablan de frazadas, fundas o elementos para neonatología, no hablan solamente de objetos.
Hablan de las personas que los van a usar. “Cuando uno cose siempre piensa en el otro, porque el otro tiene que estar cómodo”, explica Vanesa. “Uno trabaja y lo hace pensando en el otro, no por uno mismo”, añade.
La mayoría de los pacientes que ingresan al hospital desconocen la existencia de este espacio. No saben quién confeccionó la frazada que abriga a alguien internado, quién reparó una prenda de quirófano o quién diseñó un elemento pensado para facilitar el trabajo de médicos y enfermeros. “No se nota porque la gente no sabe que existe”, reconoce Vanesa.
La charla termina casi de golpe. Hay una reunión que los espera y la mañana sigue acumulando tareas pendientes.
Dejan el mate, guardan materiales y el grupo vuelve rápidamente a la dinámica de siempre. En ese momento resulta evidente que el costurero es apenas una parte de todo lo que hacen. Afuera, el hospital sigue funcionando como cualquier otro día.
Pacientes, médicos, enfermeras y familiares recorren los pasillos sin saber que, en un rincón escondido de la parte vieja del edificio, un pequeño equipo se ocupa de mucho más que coser. Detrás de muchas cajas, telas y frazadas, existe este pequeño taller escondido al final de una escalera oscura. Un lugar donde el trabajo rara vez se ve, pero donde cada puntada está pensada para alguien más.
*Por Milena Galiano / Agencia Comunica




