Alexis Figueroa: "Desde los 11 años canto en las peñas y sé que este es mi lugar"

14/02/2026
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​El escenario mayor del Festival Nacional de Doma y Folklore suele ser el destino final, pero el camino empieza mucho antes, en la soledad de un correo electrónico o en el aliento de un padre. 

Ese es el caso de Alexis, el joven de los pagos de Berazategui que, tras ganar el certamen de nuevos valores el año pasado, regresó a Olavarría para demostrar por qué fue el elegido.

​Con una estética particular —pañuelo a la cabeza para sujetar sus trenzas y un uniforme impecable—, Alexis conversó con este diario sobre su historia y la emoción de pisar el predio de la Rural.

"El año pasado mi padre me dijo de tocar acá. Mandé un correo, vine con él y un amigo, canté dos temas y por suerte tuve la oportunidad de ganar", recuerda sobre su primera experiencia en nuestra ciudad.

 Alexis no es un improvisado. Su relación con el folklore comenzó casi como un juego de niños que se volvió vocación: "Canto desde los 11 años en las peñas. Sé que este es mi lugar", afirma con la seguridad de quien ha recorrido kilómetros con la guitarra a cuestas.

Para su presentación en esta edición, el artista de Berazategui apostó a un repertorio que combina el sentimiento con el ritmo: "Canto zambas románticas y un par de chacareras movidas para no aburrir a la gente. Traigo canciones que quizás no son tan escuchadas, pero espero que gusten".

​Más allá de su voz, su imagen llamó la atención del público, su vincha y  lejos de ser un disfraz, su atuendo tiene una explicación práctica y personal: "Yo soy de tener el pelo corto, pero quise hacerme las trenzas. Cuando me tuve que poner el sombrero, me di cuenta de que no entraba, así que traje el pañuelo para cubrirlas", confiesa entre risas, demostrando que la esencia del artista está en la autenticidad.

Su presencia en esta edición, ya no como un concursante sino como un ganador que regresa, valida la existencia del certamen de nuevos valores.

La llegada de Alexis desde Berazategui demuestra que el Festival de Olavarría sigue siendo el gran imán de nuestra cultura. Su historia es simple y poderosa: un padre que alienta, un joven que se anima y un escenario que premia su esfuerzo. 

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