
Doctor Algoritmo: los límites de usar IA para consultar síntomas

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Un hombre de 60 años debió ser internado de urgencia con cuadros de paranoia y alucinaciones severas tras intoxicarse. El motivo de semejante desenlace radico en que, luego de haber leído sobre los efectos negativos de la sal común (cloruro de sodio), le consultó a ChatGPT cómo eliminarla de su dieta y siguió al pie de la letra el consejo del chatbot de reemplazarla por bromuro de sodio y tuvo que ser internado.
​La anécdota forma parte de las advertencias que realizó el Doctor en Ciencias de la Computación de la UBA, profesor adjunto de la UNER e investigador del CONICET-UTN, Diego Evin, en diálogo exclusivo con Diario Olavarría, para alertar sobre los marcados riesgos de utilizar la inteligencia artificial con fines médicos o de automedicación.
En esta línea, Evin desarrolló varios riesgos que tiene consultar ciegamente al chat Gpt en cuanto a la Salud.
Un primer riesgo es que, según el especialista , la IA da respuestas que suenan segura aunque se equivoque. Por eso los pacientes tienen que entender que por el mecanismo de funcionamiento de estos sistemas, no entienden lo que dicen (según lo que consideramos entender los seres humanos), sino predicen el texto más probable que según la estadística que aprendieron debería continuar luego de la pregunta, y la escriben con la misma fluidez cuando aciertan que cuando inventan.
En esa misma línea, Evin advirtió sobre la dimensión global del problema , y de esta forma señaló que el Instituto de Investigación de Atención de Emergencias (ECRI), una organización estadounidense independiente y sin fines de lucro, ubicó el mal uso de los chatbots como el riesgo tecnológico número uno en salud para este 2026.
En la lista que elabora dicha institución respecto a las principales preocupaciones de seguridad para el paciente, en este mismo año la inteligencia artificial también aparece primera bajo la denominación del dilema diagnóstico.
Un segundo riesgo, de acuerdo con el investigador, es que en los chatbots hay evidencia que diagnostican bien a partir de descripciones de libro de texto, pero pierden precisión cuando la información viene de una conversación.
Para ejemplificar, Evin contó sobre unun ensayo que hizo Universidad de Oxford con casi 1.300 personas y resultó que los modelos solos identificaban la enfermedad correcta en el 95% de los casos. Pero cuando la gente común los usaba, acertaba en menos del 35%, y no decidía mejor qué hacer que quienes buscaban en Google.
De esta manera, el investigador dijo que la falla está en la conversación: la persona no sabe qué dato es importante contar, y el modelo propone varias opciones sin ayudar a elegir. Además, estos sistemas están hechos para responder siempre, aunque la pregunta esté fuera de lo que saben.
La falla principal, según el profesional, radica en el diálogo, ya que el usuario no sabe qué datos aportar y la herramienta ofrece múltiples opciones sin guiar en la elección, respondiendo siempre aunque la pregunta esté fuera de su área de conocimiento.
Cómo caso extremo , Diego contó que en el mismo estudio de Oxford, dos personas describieron síntomas casi idénticos de una hemorragia cerebral, pero una de ellas mencionó que el dolor había empezado de golpe. Ante eso , a un paciente le aconsejaron concurrir de inmediato a una guardia médica y al otro le sugirieron recostarse en una habitación oscura.
Por eso el especialista sostuvo que el problema aparece cuando el paciente, la mayoría de las veces, no sabe qué dato es el importante, y mientras un médico haría esa repregunta en la consulta, el chatbot no la hizo, surgiendo así el riesgo de la inconsistencia porque un solo detalle cambia por completo la respuesta.
A todo esto se le suma un cuarto problema y es que las responsabilidades de las consecuencias de uso de estos sistemas para diagnóstico médico o recomendación de tratamiento queda en manos de quien lo usa y no de la empresa.
En este sentido las pruebas muchas veces terminan siendo invisibles, si se borra el chat.
Para hechar más luz sobre este concepto , Diego explicó sobre un caso llamativo que se publicó en Annals of Internal Medicine: un hombre de 60 años leyó sobre los efectos negativos de la sal común (cloruro de sodio) y le preguntó a ChatGPT cómo eliminar el cloruro de su dieta. Al seguir el consejo del chatbot, reemplazó la sal por bromuro de sodio y terminó internado con paranoia y alucinaciones por intoxicación con bromuro, producto de la respuesta "chistosa" del chat.
Los médicos se enteraron de que había usado ChatGPT recién después de varios días de tratamiento, cuando el paciente estuvo lúcido para contarlo, pero no encontrarton la conversación.
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Al ser consultado sobre la relación entre el médico y el paciente cuando la persona llega al consultorio "armada" con la respuesta que le dio una pantalla, él contestó: "Lo veo como una oportunidad, no como una amenaza.
Puede sumar mucho, siempre que esa respuesta llegue como pregunta y no como diagnóstico. Un paciente que entiende mejor lo que le pasa, que trae sus dudas ordenadas, puede ayudar a la consulta".
"Lo que dice la evidencia es interesante: el riesgo no es tanto la falsa alarma como la falsa tranquilidad. En el estudio de Oxford, quienes usaron IA tendían a subestimar la gravedad de sus síntomas, parecido a quienes buscaban información en internet. Es decir, el problema no es tanto el paciente que llega asustado, sino el que no llega porque un chatbot le dijo que no era nada", indicó.
En este aspecto el especialista propuso no descalificar el uso de IA, sino transparentarlo desde los dos lados. Por ejemplo, el médico puede preguntar "¿consultó con alguna IA? ¿me muestra qué le dijo?", parecido a como pregunta qué medicación toma. Así ese tema se puede discutir y corregir lo que esté mal y el paciente siente que su esfuerzo por informarse vale.
" La confianza se construye explicando por qué una respuesta no aplica a su caso, no prohibiendo. Y la transparencia tiene que ir en las dos direcciones".
Por otra parte, el investigador señaló que, según las recomendaciones del ECRI, si el médico decide utilizar inteligencia artificial, debe comunicárselo al paciente y pedirle su consentimiento antes de aplicar estas tecnologías en el diagnóstico o de ingresar su información personal, dándole además el derecho a rechazar su uso.
También propone tomarse el tiempo de responder sus dudas y aclarar que la IA es una herramienta que complementa el criterio clínico, no que lo reemplaza. Brasil ya lo exige por norma desde agosto de 2026. "La confianza se gana sin secretos de ningún lado.
Esto obviamente implica que ahora el médico debe conocer cómo funciona la IA para poder dar esta discusión", contó el Dr. en Ciencias de la Computación.
Sin duda que la IA es una herramienta que entre otras cosas se le puede pedir que traduzca el diagnóstico a un lenguaje simple, ajustado a las características del paciente (edad, estudios, idioma, etc.). "La literatura marca esa como una de sus fortalezas reales, porque puede reexplicar las veces que haga falta. Pero el texto lo debería revisar el médico antes de entregarlo", indicó el especialista.
Otro de los beneficios que tiene es la posibilidad de acompañar el seguimiento:enviar recordatorios, cuestionarios de control o materiales para después del alta, diseñados y validados por el equipo.
La IA , de acuerdo con lo que explicó Evin, facilita la comunicación al reducir la carga administrativa del médico. Al redactar notas de consulta o resumir historias clínicas, libera tiempo vital para charlar y comprender mejor al paciente.
"​La empatía no se delega. La tecnología puede sugerir palabras, pero quien decide cómo usarlas y acompaña es siempre la persona", afirmó.
Para que la Inteligencia Artificial se transforme en una verdadera aliada de los profesionales de la salud —desde médicos y enfermeros hasta acompañantes terapéuticos— y no en un factor de riesgo, es fundamental garantizar ciertas condiciones en la práctica diaria. En primer lugar, se le debe informar al paciente y solicitar su consentimiento previo antes de emplear IA generativa en su proceso diagnóstico o de volcar su información en estas plataformas. A su vez, resulta indispensable registrar de manera transparente en la historia clínica cuándo se utilizó la herramienta y de qué forma influyó en la toma de decisiones.
En materia de privacidad y rigor ético, jamás deben ingresarse datos que identifiquen al paciente en cuentas personales de chatbots, así como nunca debe firmarse un informe o dictamen sin haber sido revisado con minuciosidad. Tampoco se debe delegar el razonamiento clínico: existe el denominado «sesgo de automatización», esa marcada tendencia a confiar ciegamente en la máquina por encima del propio juicio profesional, junto al riesgo latente de que un uso excesivo erosione las habilidades diagnósticas, de forma crítica en la etapa de formación.
Ante cualquier duda, la interconsulta válida siempre es con otro colega, no con otra tecnología. Por todo esto, la formación continua se vuelve un pilar innegociable para comprender con claridad los alcances y los límites reales de cada herramienta.
Para protegerse de los sesgos y la desinformación médica en la red, el ciudadano debe aplicar un criterio básico de precaución que incluye exigir respaldo y pedir siempre que la herramienta cite guías clínicas u organismos reconocidos para verificar la fuente.
Es necesario contrastar oficialmente cruzando los datos con información deel Ministerio de Salud, sociedades científicas u hospitales universitarios, además de desconfiar del lucro y los milagros evitando plataformas orientadas a la venta o que prometan curas rápidas.
También se debe evitar realizar preguntas sesgadas consultando "¿qué puede ser?" en lugar de "¿no es grave, no?", ya que los algoritmos suelen ser condescendientes y tienden a darle la razón al usuario.
Por último, resulta fundamental proteger los datos personales al no ingresar nombre, documento ni número de afiliado, utilizando siempre el modo temporal o incógnito. No obstante, toda la responsabilidad no debe recaer en el usuario; como advierten publicaciones especializadas en Nature, la confiabilidad técnica debe estar garantizada de origen por los desarrolladores antes de que la respuesta llegue al público, detalló el especialista.
Además sostuvo que es importante, en cuanto a las consultas por IA, Nunca empezar, suspender ni cambiar un tratamiento o una dosis por lo que le dijo esta herramienta
Si se puede usar para entender un estudio, para saber qué preguntarle al médico o para ordenar sus síntomas . Pero el caso del hombre que se intoxicó con bromuro empezó justamente así: una pregunta inocente sobre la sal que terminó en un cambio de dieta sin supervisión.
Una segunda regla, si hay un síntoma de alarma, no se le puede consultar a una pantalla cuando hay dolor de pecho, falta de aire, un dolor muy fuerte de cabeza, debilidad o adormecimiento de un lado del cuerpo, un sangrado importante, fiebre alta en un bebé o pensamientos de hacerse daño: deben ir a una guardia o emergencias. Y si la IA le dice que no es nada confíe en su cuerpo y consulte.
Y una tercera: si lo que le dijo la IA no coincide con lo que le dijo su médico, la duda se resuelve con su médico o con otro profesional, no haciéndole más preguntas a la IA hasta que diga lo que uno quiere escuchar, señaló Diego Evin.
​Nota del editor: El reporte periodístico, la investigación, la jerarquización de la información y la redacción final de este informe fueron realizados íntegramente por un periodista humano. Se utilizaron herramientas de Inteligencia Artificial únicamente como soporte analítico para la revisión de sintaxis, puntuación, coherencia semántica y el cotejo cruzado entre la entrevista cruda y el texto final.






