Cuando el cooperativismo y la universidad se unen para derribar los muros de la exclusión

19/06/2026

El patio del Centro Cultural Universitario se transformó en un espacio de encuentro, mates y stands asociativos. Referentes sociales, cooperativistas y la universidad pública debatieron la importancia de construir puentes reales dentro de los penales para que la reinserción social empiece a través del trabajo digno y la autogestión.

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Fotos: Prensa Facso

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El patio del Centro Cultural Universitario estaba rodeado de stands con comidas, artesanías, agendas, anotadores, dulces y mieles, entre otras cosas. Los expositores con mate en mano, charlaban entre sí; mientras tanto, en el salón, unos jóvenes acomodaban las sillas para el Encuentro de Cooperativas, Contextos de Encierro, Territorio y Estado, que se realizó este miércoles 17 de junio.

Adentro del salón estuvieron referentes sociales como los integrantes del programa "Acceso a Derechos y Cárceles" de la FACSO-UNICEN; Ayelén Stroker, Yanina Sisniega, Martín Luna, Paula Najmias y Fausto Scipione de la cooperativa Esquina Libertad; María José Funes e Ignacio Beltramella del Patronato de Liberados Bonaerense; Susana Brun por la Secretaría de Desarrollo Económico y Productivo; y Carolina Villanueva y Hugo Leira de la Defensa Pública Departamental de Azul.

A todos se los notó entusiasmados,  compartiendo la misma certeza: la unión entre la universidad pública, las organizaciones de los barrios y el cooperativismo funciona como una red de contención única. En las charlas que se armaron, los expositores destacaron que el verdadero desafío es construir puentes tanto dentro como fuera de la cárcel, uniendo fuerzas para que quienes están adentro o recién salen puedan aprender un oficio, trabajar y salir adelante con proyectos productivos propios.

El inicio de las actividades giró en torno a contar las experiencias de trabajo en la temática, identificar los puntos de encuentro institucionales y organizar la grilla para la implementación del proyecto. Asimismo, durante la jornada funcionó un espacio de comercialización destinado a las organizaciones participantes y a las productoras de La Posta, el mercado impulsado por el Programa Economía Social Solidaria y Popular.

En un ambiente ameno y cordial, muchos compartieron las actividades de inclusión que vienen realizando y mostraron los resultados del trabajo asociativo. Allí florecieron distintas ideas nacidas dentro y fuera de los penales de Sierra Chica, haciendo eje en la construcción de lazos entre los distintos sectores, la pertenencia y la dignidad que da el trabajo. A su vez, se rescataron historias lindas y positivas, como la de un compañero que logró editar su propio libro en un contexto tan difícil, demostrando que sembrando una semillita se pueden hacer grandes cosas y que los resultados son reales y gratificantes cuando se da una oportunidad.

Durante la reunión también se habló sobre el valor educativo y social que tiene el cooperativismo, una herramienta clave para aprender a organizarse y a verse como iguales entre compañeros de trabajo. Los referentes indicaron  la importancia de la formación como un motor de inserción para que las personas tengan herramientas reales de autogestión  que sin dudas cumple un papel fundamental en la educación y genera un impacto positivo en la sociedad.

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Este proyecto apuesta a que quienes viven privados de su libertad encuentren en estos espacios la posibilidad de salir con un oficio y un plan de trabajo bajo el brazo, fortaleciendo el tejido social para construir una comunidad más justa e igualitaria. Por otro lado, el encuentro sirvió para aceitar los mecanismos de asistencia técnica y optimizar los tiempos de entrega de herramientas para los nuevos emprendedores. La idea en los talleres es fomentar un diálogo abierto que permita orientar la vocación de cada interno hacia oficios con rápida salida laboral durante todo el año, teniendo en cuenta sus saberes, sus trayectorias y también aquellos talentos que les faltan descubrir.

A pesar de las lógicas dificultades de logística y de contexto que enfrenta el sector, el territorio vinculado con la universidad siempre le encuentra la vuelta para seguir adelante. Las respuestas estaban ahí, al alcance de la mano, en el patio del Centro, mientras el sol de la mañana iba calentando y más gente entraba a mirar la feria:

— ¿Cuánto vale la agenda? — Quince mil pesos. Y está hecha por los chicos de la cooperativa Esquina Libertad, que es un proyecto de inclusión —le explicaba el vendedor a un cliente entre medio del murmullo.

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Diario Olavarría dialogó en el lugar con Ayelén Stroker, referente de la Cooperativa Esquina Libertad. "Traemos una experiencia que arrancamos hace 16 años y que fue creciendo por varios lugares de la provincia de Buenos Aires, tanto en unidades penitenciarias como afuera. Encontramos en el cooperativismo una herramienta de inclusión social y productiva, que viene siendo una respuesta real para el sector en contexto de encierro como no lo había sido otra cosa anteriormente", indicó.

En ese sentido, añadió: "El cooperativismo nos permite pensar no solamente en el hecho de construir esa inclusión, sino en el modo de hacerlo. Entendemos que sus principios —la inclusión, la formación, la solidaridad y la ayuda mutua— son las vías idóneas para pensar ese proceso de inserción a la sociedad. Además, en muchos casos, hablamos de compañeros y compañeras que nunca antes estuvieron incluidos y que por eso mismo llegan a estos contextos".

Ayelén explicó que tanto en Olavarría como en Tandil vienen desarrollando una regional en estos últimos años, y además colaboran con Sierra Chica afuera de los muros a través de talleres virtuales y diversas instancias de participación. "Tratamos de consolidar proyectos productivos. La idea es pensar hacia adentro y hacia afuera, llevando esa experiencia germinal que arrancó en otro lado pero adaptándola a las particularidades y necesidades de cada lugar, para aportar al crecimiento de estas posibilidades desde el territorio".

Vale mencionar que este tipo de proyectos se piensan como una forma de reconstruir vínculos y empezar a verse desde otro lugar: "Por eso, desde la cooperativa, también construimos asesorías de acompañamiento pre y pos libertad en áreas como salud, género y niñez".

"El cooperativismo aporta una alternativa que, en muchos casos, no existía en la realidad de los compañeros y compañeras. De repente aparece esta posibilidad que nos hace repensar a nosotros mismos y la manera en que nos vinculamos, no solo en el aspecto laboral, sino porque termina siendo un modo de vivir", acotó Ayelén.

Ante la pregunta de este medio sobre cómo funciona el cooperativismo y si se convierte en un refugio o en un nuevo comienzo para el interno, ella respondió: "El secreto es que también trabajamos desde adentro, lo que permite construir esa pertenencia antes de salir. Así, el momento de recuperar la libertad implica un cambio de área productiva o de modo de participación, pero sobre la base de un vínculo que ya está construido. En las experiencias donde hemos ayudado al armado de cooperativas, el objetivo es construir esa herramienta para que te espere en el afuera o para saber que contás con ella para desarrollarte. Eso ya de por sí es un respaldo importante que, en general, no existe. A partir de ahí, se pueden dar otras oportunidades".

En este sentido, destacó que lo más valioso del cooperativismo es el ejercicio de las asambleas, los espacios de capacitación "y cómo todo eso va forjando los lazos entre nosotros. La cooperativa termina siendo un espacio de pertenencia, de identidad y de pensarnos hoy desde otros lugares. Eso tejió redes muy fuertes, no solo hacia adentro, sino también hacia afuera con otras experiencias. Nos abrió posibilidades, nos permitió conocer otras realidades e incluso es lo que nos trajo hasta acá hoy".

Este proyecto da frutos concretos y Ayelén describió una historia que refleja ese impacto positivo: "Un compañero en contexto de encierro que, a partir de un taller digital, empezó a escribir un libro. Después lo materializó junto a la cooperativa y, al momento de su egreso, eso le sirvió tanto como un ingreso económico como para la apertura de otras posibilidades".

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Como todo proyecto, necesita sostenerse y eso implica enfrentar muchos desafíos. En este aspecto, Juan Pablo, uno de los referentes del programa de Contexto de Encierro de la Facultad de Ciencias Sociales de Olavarría, señaló que la política económica nacional actual "no acompaña al cooperativismo".

"No solo se ve en el recorte de políticas para el sector, sino también en las cuestiones de consumo. Las ventas de productos cooperativos bajaron mucho; es muy difícil competir contra productos que vienen desde afuera a un precio mucho menor y contra las grandes corporaciones que manejan el mercado. Para el sector cooperativo, esa competencia es muy complicada", advirtió.

En cuanto a la articulación entre el cooperativismo, el Estado y el Poder Judicial, contó que desde su experiencia es muy escasa. "Se limita a responder a lo burocrático, muy por encima, para que las instituciones puedan cumplir con su trabajo formal. Pero si hablamos de una articulación con un objetivo o un horizonte claro, que busque acompañar a una persona privada de la libertad a construir proyectos individuales o colectivos —proyectos de vida que después puedan replicarse en el afuera—, eso es casi inexistente".

En este sentido, añadió: "El vínculo del Poder Judicial con el sector educativo de las unidades penales, con el Servicio Penitenciario, con el área de salud o el sector laboral, se da principalmente a través de oficios para cumplir con los requisitos que exige la progresividad de la pena, y no mucho más. Hay muy poca articulación real; ojalá fuera distinto, pero por lo menos es lo que me toca ver".

Por otra parte, Juan Pablo buscó derribar varios de los mitos que rodean a la actividad: "Lo que se quiere instalar hoy es que el cooperativismo es sinónimo de corrupción, o que se construye solo para acceder a un plan del Estado, cuando un plan estatal no puede sostener una cooperativa de ningún modo. El cooperativismo es otra forma de entender el trabajo, de organizarse y de crear empleo, algo muy diferente a lo que propone el mercado tradicional capitalista. Como viene a tensionar ese modelo, el mercado tradicional instala esa idea errónea. El cooperativismo brinda otras herramientas y otra manera de pensar el empleo".

"En el conteexto de encierro, el cooperativismo recién ahora está avanzando un poco más, pero no hay una formación de base sobre el tema. Muchas veces el pibe se entera ahí adentro y es la primera vez que escucha la palabra, entonces no lo comprende del todo. A veces se asocia a la idea equivocada de que 'todos hacemos lo mismo y todos cobramos lo mismo', y no es así. El cooperativismo implica otra manera de organizarse y generar empleo, donde todos somos iguales en el espacio: cumplimos diferentes tareas y roles, pero somos compañeros, compañeras y, ante todo, trabajadores", explicó el referente.

Para concluir, dejó una interesante reflexión sobre el rol de la academia en el territorio: "La Facultad de Ciencias Sociales, y la Universidad en su conjunto, vienen aportando desde hace mucho tiempo para pensar estas problemáticas en contexto de encierro. La economía social y lo laboral se trabajaron específicamente en las cárceles a través del Programa de Economía Social, Solidaria y Popular que impulsó Roxana Sosa. Hoy nos encontramos en este proyecto para darle continuidad a ese camino, pensando en el cooperativismo, la formación laboral y la educación intramuros", finalizó.

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Detrás de cada stand, de cada agenda artesanal y de cada debate, late la misma verdad: el encierro no tiene por qué ser un tiempo muerto. Cuando la universidad pública y el cooperativismo se encuentran, los muros se vuelven un poco menos densos y aparece un horizonte donde antes solo había incertidumbre. Al final del día, apostar al trabajo asociativo y aprender un oficio es mucho más que una herramienta laboral; es la oportunidad real de reescribir la propia historia. 

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