La brecha invisible: por qué la ingeniería todavía se piensa en masculino
Un intercambio clave entre científicas caribeñas y la FIO pone bajo la lupa los sesgos que todavía asocian la profesión al género masculino y plantea el desafío urgente de derribar estereotipos para que el talento no tenga género.
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Hace unos días, un grupo de docentes y estudiantes de Colombia estuvieron en la Facultad de Ingeniería de Olavarría para trabajar junto a referentes locales en herramientas y acciones vinculadas a la inclusión y a la inserción laboral de las mujeres en el ámbito de la ingeniería.
​Fue impulsado por el grupo "MIFIO", y realizaron durante tres días unas sesiones de trabajo colaborativo que comprendió: visitas a empresas, y la participación en eventos de difusión, todo en el marco de un proyecto denominado “Mujeres en STEM y los factores que promueven su integración satisfactoria en el campo laboral”.
​El trabajo explora los desafíos que enfrentan las mujeres de carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) al ingresar al campo laboral y cómo estos impactan en su seguridad, motivación y en el desarrollo profesional.
​Las autoridades de la FIO le dieron la bienvenida al grupo de colombianas, que representan a la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB), en Cartagena; y a la Universidad Autónoma del Caribe (UAC), en Barranquilla.
​Durante el recibimiento, la decana María Peralta repasó las circunstancias actuales que motivan la necesidad de trabajar por la inclusión de las mujeres en carreras científicas. Y en ese sentido, aportó datos sobre los bajos niveles de ingreso y graduación, por lo cual “es necesario trabajar en la construcción de vocaciones”.
​Con estas jornadas de trabajo e interacción, esperan identificar los principales factores que limitan el desarrollo laboral de las mujeres en STEM, y proponer estrategias que promuevan una transición exitosa de la academia a industria.
​Sonia H. Contreras Ortiz es una de las científicas que pasó por la Facultad, y en comunicación con "Diario Olavarría", contó cómo fueron sus inicios en su carrera, además habló sobre la brecha que hay entre hombres y mujeres en la ciencia y las barreras que deben sortear las mujeres para el trabajo.
​"Todo inició cuando estaba en el colegio, me gustaban mucho las matemáticas y la física y me iba muy bien en estos cursos. Un profesor me recomendó estudiar ingeniería y como una prima es ingeniera electricista, sentí que lo podía hacer y que era una buena opción de carrera. Entonces me enfoqué en decidir qué rama de la ingeniería estudiar y opté por la electrónica", señaló la Ingeniera Sonia H. Contreras.
​Para ella, esta carrera la vio como un gran reto que exigía disciplina y dedicación, y cada semestre se le volvía más interesante porque profundizaba en las aplicaciones y en proyectos prácticos. "Desde el inicio me llamó la atención que había muy pocas mujeres cuando cursaba; éramos solo 10 de un total de 100 estudiantes de primer semestre. Tampoco había docentes mujeres en los cursos disciplinares. Afortunadamente la brecha de género no fue un obstáculo durante mis estudios", añadió Sonia.
​En lo que respecta a los principales "frenos" o barreras invisibles que enfrenta una mujer recién egresada al buscar su primer empleo en la industria, ella respondió: "En algunas personas aún persisten los estereotipos de género y se tiene una imagen de ingeniero resiliente, fuerte y con carácter, que se asocia mayormente al género masculino".
​"Esto genera sesgos que hacen que no se valore de la misma forma a aspirantes mujeres y hombres para una plaza en ingeniería, sobre todo si es para trabajar en campo o en planta. Hace algún tiempo era frecuente ver avisos de vacantes en ingeniería dirigidos solo a hombres. Afortunadamente esto ha cambiado. Las empresas buscan cada vez más conformar equipos diversos y han implementado políticas para promover la inclusión de mujeres y de grupos minoritarios".
​En este sentido explicó: "Aún hay muchos retos; por ejemplo, según el Foro Económico Mundial, en los cargos de liderazgo más altos en áreas STEM solo hay un 12,4% de mujeres y también persisten las brechas salariales".
​Además contó que en Colombia, varios estudios han demostrado que, después de graduarse de una carrera de ingeniería, las mujeres tardan en promedio más tiempo en conseguir su primer empleo que los hombres "y esta fue la motivación principal para formular este proyecto de investigación. También hay mayor dificultad para encontrar trabajo en ciertas disciplinas y en zonas del país con menor desarrollo industrial".
​En lo que respecta a la Argentina: "Vimos un panorama diferente. Los empresarios que participaron en las actividades del proyecto manifestaron que hay escasez de talento en ingeniería, y junto con la Facultad de Ingeniería de UNICEN están desarrollando estrategias para vincular a jóvenes ingenieros e ingenieras".
​"También nos informaron que la presencia de mujeres matriculadas en los consejos profesionales es muy baja (alrededor del 13%). En Argentina, vimos que los principales retos son atraer más mujeres y hombres a las carreras STEM y promover el ejercicio profesional de las mujeres", explicó Sonia.
​En cuanto a los cambios o estrategias concretas que deberían implementar las empresas y las universidades para que esta transición de la academia al trabajo sea realmente exitosa para las mujeres, ella contestó: "Es importante que las universidades trabajen de la mano con las empresas para conocer sus necesidades de formación, articularse y cooperar en el desarrollo de iniciativas como prácticas profesionales, retos de innovación abierta, proyectos de investigación aplicada, entre otras actividades, con el fin de que los egresados y egresadas tengan una inmersión temprana en la realidad empresarial y fortalezcan las competencias y habilidades que requiere el mundo laboral".
​En este punto Contreras dijo que algo que se repite constantemente en las conversaciones con los empleadores fue la importancia de las habilidades "blandas" o mejor llamadas "de poder": toma de decisiones, comunicación asertiva, liderazgo, autonomía, trabajo en equipo, ética.
​"A veces en las universidades nos enfocamos mucho en las competencias técnicas, pero es fundamental fortalecer también las habilidades de poder en el estudiantado".
​"Con respecto a las empresas, deberían desarrollar políticas de inclusión de mujeres y grupos minoritarios, asegurar la igualdad de derechos y oportunidades y promover un clima laboral respetuoso, libre de sesgos y discriminación".
​Para concluir dejó una interesante reflexión: "Las ciencias y las ingenierías son profesiones maravillosas que contribuyen al progreso de la sociedad. Las carreras STEM desarrollan habilidades de resolución de problemas en las personas que cambian su forma de ver el mundo y de enfrentar los retos del día a día".
​"Hay una gran variedad de disciplinas de ciencia e ingeniería que te preparan para tener un impacto real en la calidad de vida de las personas. Las ciencias y las ingenierías no tienen género ni se necesita ser un genio para tener éxito en estas carreras, sí requieren dedicación y disciplina. Las mujeres pueden, al igual que los hombres, desarrollarse profesionalmente y aportar su talento al progreso de nuestros países", concluyó la Ingeniera Sonia H. Contreras.
​El paso de las científicas colombianas por nuestra ciudad nos invita a mirar más allá de las estadísticas. Nos recuerda que la ingeniería no se reduce a fórmulas rígidas ni a un terreno reservado históricamente para los hombres. El talento no tiene género; el éxito en las disciplinas científicas nace de la dedicación, el esfuerzo y, sobre todo, de la vocación de resolver los problemas reales de nuestra sociedad.
​Pero quizás la mayor enseñanza de este encuentro sea la redefinición de nuestras prioridades. Cuando la academia y el sector privado coinciden en la necesidad de potenciar las "habilidades de poder" —como la empatía, la ética y la comunicación— nos están advirtiendo que la tecnología del mañana necesita ser, ante todo, profundamente humana.
​La verdadera inclusión de las mujeres en las aulas y en las fábricas no es solo una cuestión de justicia o de completar cupos. Es el único camino posible para que el conocimiento se transforme en un puente de oportunidades y la diversidad sea el motor que verdaderamente impulse el desarrollo de nuestra comunidad.