04/07/2026

La nueva marihuana no es la de antes: qué sabemos sobre cannabis y psicosis

Las doctoras Ileana Pozzi y Lucía López analizan la evidencia científica internacional y advierten sobre el impacto de la marihuana de alta potencia en la salud mental de los jóvenes, una realidad que se refleja diariamente en las guardias médicas y en las internaciones de la región.

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Durante muchos años, el debate sobre el cannabis estuvo polarizado entre dos posturas opuestas: una centrada exclusivamente en sus riesgos y otra que enfatizó en la creciente evidencia sobre sus beneficios para la salud. En ese contexto, con frecuencia quedó relegada una discusión basada en la evidencia científica: ¿qué sabemos realmente sobre sus efectos en la salud mental?

En las últimas décadas, el cannabis ha dejado de ser una sustancia marginal. Su mayor aceptación social, los cambios legislativos en distintos países y la difusión de sus posibles usos terapéuticos han contribuido a disminuir la percepción de riesgo, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes, acompañándose de un incremento en su consumo recreativo.

Este nuevo escenario ha renovado el interés por comprender sus posibles consecuencias sobre la salud mental. Aunque la mayoría de las personas que consumen cannabis no desarrollará un trastorno psicótico, la evidencia científica actual muestra una asociación entre determinados patrones de consumo y un mayor riesgo de presentar síntomas psicóticos o psicosis en individuos vulnerables.

En nuestra práctica clínica, quienes trabajamos en servicios de salud mental y emergencias hemos observado un aumento de consultas por cuadros compatibles con psicosis asociada al consumo de cannabis. Si bien esta observación no constituye evidencia epidemiológica, coincide con la preocupación creciente reflejada en la literatura internacional.

Cannabis medicinal: ¿que dice la evidencia?

Hablar sobre los riesgos del cannabis no implica desconocer sus aplicaciones terapéuticas. Actualmente existe evidencia que respalda el uso de cannabinoides en indicaciones específicas, como algunas formas de epilepsia refractaria, el tratamiento del dolor crónico (incluido el oncológico), la espasticidad asociada a la esclerosis múltiple y las náuseas y vómitos inducidos por quimioterapia. 

Es importante aclarar que no todos los cannabinoides producen los mismos efectos. Gran parte de los beneficios clínicos descritos se relacionan con preparados estandarizados y controlados, muchas veces con predominio de cannabidiol (CBD) o con formulaciones específicas, y no con el consumo de cannabis recreativo de alta potencia, generalmente rico en tetrahidrocannabinol (THC).

En este sentido, defender los usos terapéuticos del cannabis respaldados por la evidencia científica no implica negar ni minimizar los potenciales efectos adversos asociados al consumo recreativo.

La marihuana de hoy no es la misma que hace 20 años

Uno de los cambios más importantes de las últimas décadas es el aumento de la potencia del cannabis para consumo recreativo. Mientras que en la década de 1990 el contenido promedio de tetrahidrocannabinol (THC) en la marihuana herbal rondaba el 4%, actualmente muchas variedades contienen entre un 12% y un 20%, y algunos concentrados alcanzan concentraciones superiores al 60–90%.

Paralelamente, numerosas variedades han reducido su contenido de cannabidiol (CBD), un cannabinoide que parece ejercer un efecto modulador sobre algunas de las acciones del THC, incluyendo ciertos efectos relacionados con la ansiedad y los síntomas psicóticos. Como resultado, la relación THC/CBD de muchos productos actuales es considerablemente diferente a la observada décadas atrás.

Este fenómeno tiene relevancia clínica porque gran parte de la evidencia histórica sobre cannabis fue generada en contextos donde las concentraciones de THC eran significativamente menores. Por lo tanto, extrapolar directamente la experiencia de generaciones previas al escenario actual puede llevar a subestimar algunos riesgos asociados al consumo.

En otras palabras, cuando hoy se debate sobre los efectos del cannabis, no se está hablando exactamente de la misma sustancia que circulaba hace veinte o treinta años, sino de productos con características farmacológicas sustancialmente distintas.

¿Qué es una psicosis inducida por cannabis?

La psicosis inducida por cannabis es un cuadro clínico que aparece en relación temporal con el consumo de esta sustancia y se caracteriza por una alteración del contacto con la realidad. Sus manifestaciones pueden incluir ideas paranoides o delirantes, ansiedad intensa, desorganización del pensamiento, alucinaciones y agitación psicomotriz.

En la práctica clínica, es frecuente que un joven sin antecedentes psiquiátricos consulte a un servicio de urgencias convencido de que lo persiguen, que lo observan o que alguien intenta hacerle daño, tras haber consumido cannabis.

En muchos casos estos episodios son transitorios y remiten con la suspensión del consumo y el tratamiento adecuado. Sin embargo, no siempre representan un evento aislado, ya que en algunos pacientes pueden constituir la primera manifestación de un trastorno psicótico de mayor evolución.

El riesgo es considerablemente mayor en personas que presentan uno o más de los siguientes factores:

Inicio del consumo antes de los 16–18 años. 

Consumo diario o muy frecuente. 

Uso de cannabis con alta concentración de THC. 

Antecedentes familiares de psicosis o esquizofrenia. 

Presencia de síntomas psicóticos leves o vulnerabilidad psiquiátrica previa.

Datos estadísticos

Un artículo de JAMA Psychiatry de 2023 estudió a 9.8 millones de usuarios que visitaron la guardia de emergencias por episodio psicótico asociado al consumo agudo de marihuana y a usuarios que consultaron en contexto de consumo pero por otros motivos. Este estudio encontró un riesgo aumentado de padecer un trastorno del espectro de la esquizofrenia (es decir, el trastorno propiamente establecido aún por fuera del momento de fumar) dentro de los 3 años posteriores al episodio que motivó la consulta. 

Arendt et al. (2005) estudiaron a pacientes hospitalizados y ambulatorios tratados por un trastorno psicótico inducido por cannabis entre 1994 y 1999, excluyendo a aquellos con antecedentes de síntomas psicóticos previos al consumo. El seguimiento tuvo una duración media de 5,9 años, período durante el cual el 44,5% de las personas diagnosticadas con trastorno psicótico inducido por cannabis recibieron posteriormente un diagnóstico de un trastorno del espectro de la esquizofrenia. 

Teniendo en cuenta el año de ese estudio, cabe destacar el estudio de ElSohly et al. (2016), que analizó 38.681 muestras de cannabis confiscadas por la DEA en Estados Unidos entre 1995 y 2014. Los resultados mostraron que en 1995, la concentración media de THC era de  ≈ 4%, y para 2014, la concentración media de THC ≈ 12%

Es decir, la concentración promedio de THC se triplicó (aproximadamente un 200% respecto del valor inicial). Además, el contenido de CBD disminuyó, por lo que la relación THC/CBD pasó de aproximadamente 14:1 a 80:1, un cambio que también podría influir en el perfil de efectos psiquiátricos.

Otro estudio de 2019 publicado en The Lancet Psychiatry comparó usuarios de cannabis de baja y de alta potencia ( >10% THC), encontrando una asociación más fuerte de psicosis en aquellos usuarios de mayores concentraciones de THC.

Es importante mencionar que estos datos son muy diferentes a los hallados respecto al uso medicinal del cannabis, es decir, bajo supervisión médica y con concentraciones de THC y CBD cuidadosamente cuantificadas según el caso. En estos pacientes, la tasa de eventos de psicosis y el desarrollo de esquizofrenia a futuro resultó muy bajo. 

¿Se reabre el debate?

Afortunadamente, conforme avanza la evidencia científica contamos con mayor información de calidad para tomar decisiones en cuanto a nuestra salud (y, por qué no, para legislar). Con ello podemos decir que: hablar de riesgos no implica demonizar, pero minimizar estos riesgos también acorta la visión. 

En el ámbito de Salud Mental en nuestra ciudad, atendemos diariamente muchos pacientes adultos jóvenes que, por ejemplo, mantienen vidas normales utilizando medicación luego de haber presentado el primer episodio psicótico agudo, pero que frecuentemente descompensan su cuadro puntualmente en el momento en que vuelven a fumar cannabis, a menudo siendo llevados a guardia por algún familiar. Para tomar dimensión, estos casos requieren con frecuencia la internación en el Hospital de Hinojo para compensación. No menos importante es destacar que muchas veces estos cuadros son acompañados por consumo de cocaína, por historia de consumo previo de esta sustancia, y cabe mencionar que la psicosis inducida por cocaína y derivados está ampliamente documentada en la literatura médica.

La marihuana no afecta a todos igual. Muchas personas consumen sin desarrollar complicaciones graves y manteniendo sus rutinas sin incidentes. Pero en otras —especialmente jóvenes con vulnerabilidad biológica o psicológica— puede actuar como disparador de cuadros severos que posteriormente sabemos que implican otro modo de vida (por ejemplo, mayor dependencia de familiares para cuidados, mayor gasto en medicamentos, trastornos del ánimo asociados, dificultades laborales, etc.). Sin llegar tan lejos, la bibliografía reporta también como efecto colateral al consumo en individuos previamente sanos, trastornos menos graves que igualmente afectan la calidad de vida, como trastorno de ansiedad generalizada y/o trastorno de pánico, entre otros.

La discusión adulta no debería ser si el cannabis es “bueno” o “malo”, sino cómo informar mejor, prevenir daños, aprovechar los posibles beneficios según la mayor evidencia y estándares de calidad, y detectar riesgos a tiempo. 

Autoras: Dra Ileana Pozzi/ Dra.Lopez Lucia (IG: lucialopez.dra)

 

Fuentes 

-Sagnik Bhattacharyya y colaboradores. (2020).Cannabis y psicosis.The Lancet.

-Marta Di Forti y colaboradores. (2019).Contribución del consumo de cannabis a la variación en la incidencia de los trastornos psicóticos en Europa (EU-GEI). The Lancet.

-Wayne Hall y Louisa Degenhardt. (2015). Cannabis de alta potencia y riesgo de psicosis. British Medical Journal (BMJ).

-Kaplan y Sadock. Tratado de Psiquiatría (última edición).

-Myran DT et al. Transition to Schizophrenia Spectrum Disorder Following Emergency Department Visits Due to Substance Use With and Without Psychosis. JAMA Psychiatry. 2023. 

- Pauselli L. Cannabis-induced psychotic disorders. In: Compton MT, Manseau MW, editors. The Complex Connection Between Cannabis and Schizophrenia. 1st ed. Cambridge (MA): Academic Press; 2018. p. 183-197. doi:10.1016/B978-0-12-804791-0.00008-2. 

-Di Forti M, Quattrone D, Freeman TP, Tripoli G, Gayer-Anderson C, Quigley H, et al. The contribution of cannabis use to variation in the incidence of psychotic disorder across Europe (EU-GEI): a multicentre case-control study. Lancet Psychiatry. 2019