16/06/2026

El auge de los cineclubes y la necesidad de volver a compartir historia

 Frente al avance del streaming y el consumo individual, los cineclubes ganan protagonismo como espacios de encuentro donde el cine se transforma en una excusa para compartir historias, construir comunidad y recuperar experiencias culturales colectivas.

*Por Catalina Laborde / Agencia Comunica

Lejos del ritmo de las grandes ciudades, Olavarría construye una escena cultural propia, diversa y en constante crecimiento abierta a todo público. Cada vez hay más espacios colectivos que invitan a recuperar lugares de encuentro y valorar experiencias que la era del streaming y la inmediatez fue volviendo cada vez más escasas.

El fenómeno de los Cine Clubes no es algo nuevo, ya que se trata de una actividad con una larga trayectoria y gran convocatoria en distintos puntos del país. Sin embargo, en los últimos años surgieron nuevos espacios cinematográficos en Olavarría que buscan recuperar el encuentro colectivo alrededor del cine. Porque la experiencia va mucho más allá de darle play a una película:es verla en comunidad, compartir impresiones y generar conversaciones que continúan después de los créditos. En diálogo con Agencia Comunica, Sebastián Magallanes, organizador del Ciclo de Cine Arte y Milagros Aldasoro, integrante del Cine Club Laura, reflexionaron sobre el crecimiento de estas propuestas y el lugar que ocupan hoy en la vida cultural de la ciudad.

Aunque funcionan en espacios muy distintos, tanto el Ciclo Cine Arte como el Cine Club Laura surgieron de una misma necesidad: recuperar el encuentro a través del cine en una época dominada por el streaming y el consumo individual.

En el caso de Sebastián Magallanes, la propuesta es el resultado de un recorrido que comenzó años atrás en distintos centros culturales autogestionados de la ciudad. Con la intención de ampliar el alcance de las proyecciones y mejorar la experiencia técnica para el público, trasladó esa iniciativa al Cine Flix, donde actualmente programa el Ciclo Cine Arte.

Por su parte, el Cine Club Laura nació en el espacio cultural Insurgente a partir de la iniciativa de seis amigas interesadas en compartir películas vinculadas a la experiencia femenina y al cine independiente. Con una impronta autogestiva y una estética propia, el proyecto se consolidó como un espacio de encuentro que combina proyecciones, debates y actividades artísticas.

Ver cine más allá del streaming

En una época en la que gran parte del consumo audiovisual está mediado por algoritmos y recomendaciones automáticas, estos espacios ofrecen una curaduría especializada y la posibilidad de acceder a películas que rara vez forman parte de los circuitos comerciales.

La propuesta invita a descubrir historias que quizás el público no hubiera elegido por cuenta propia y que terminan sorprendiendo, ampliando los horizontes de lo que se consume habitualmente. Al mismo tiempo, brinda lugar a producciones independientes y a miradas que pocas veces llegan a las grandes pantallas.

En ese sentido. Magallanes destaca que la experiencia de ver películas en una sala tradicional sigue teniendo un valor diferencial. Además de la calidad técnica, el objetivo del ciclo es acercar historias alternativas y producciones independientes que inviten a la reflexión social y personal.

Proyección del clásico frances "Sin Aliento" en el Ciclo de Cine Arte.

“La gente de todas las funciones que hicimos hasta ahora respondió perfecto. Nunca se cayó la cantidad de gente y hasta superamos en sala, en cantidad de espectadores, a otras películas que en ese momento estaban andando”, señaló.

Como ejemplo, recordó una función de una película independiente belga que logró convocar más público que otras proyecciones comerciales exhibidas simultáneamente. “Eso quiere decir algo. Quiere decir que hay gente con ganas de ver otras películas”, afirmó. Para el organizador, la respuesta del público demuestra que existe interés por historias con un trasfondo social o personal que se alejan de las propuestas más populares de Hollywood.

Magallanes también remarcó la importancia de proyectar historias capaces de generar identificación y sensibilidad en quienes las ven. Al referirse a “Corazones Jóvenes” (2024), una película centrada en el vínculo de dos adolescentes, sostuvo: “está buenísimo proyectar algo así porque es el primer amor, es el reencuentro con tu identidad”. Para él, se trata de una obra que refleja una de las posibilidades más valiosas del cine: conmover y abrir nuevas formas de mirar el mundo.

La curaduría como identidad

Si el Ciclo Cine Arte busca ampliar los horizontes cinematográficos del público local, el Cine Club Laura suma además una búsqueda vinculada a la experiencia femenina y la construcción de comunidad. Para Milagros Aldasoro, el proyecto surgió a partir del deseo de compartir películas que representarán otras miradas y generar un espacio de encuentro entre jóvenes.

“En el verano se hizo un ciclo de cine argentino bajo las estrellas y con las chicas fuimos. Nos dió ganas de ver películas juntas, un espacio para mirar películas que a nosotras nos gustan, que hablen sobre la experiencia femenina, que sean películas también divertidas, un cine para entretenernos y compartir”, recordó.

La propuesta pone especial atención en películas dirigidas por mujeres, historias atravesadas por experiencias femeninas y producciones independientes que suelen quedar por fuera de los circuitos comerciales. La selección de películas funciona también como una forma de construir una identidad propia para el cineclub.

Ambientación del Cine Club Laura inspirada en el mundo de Laura Palmer.

Esta identidad se refleja no sólo en las proyecciones, sinó también en la estética del espacio. “La verdad que es algo que pensamos entre todas y un poco todas tenemos esa mirada más creativa, artística, de decorar todo”, explicó Aldasoro. El entorno de Insurgente, una antigua casona cultural, acompaña esa búsqueda. El nombre del cineclub también forma parte de esa construcción simbólica: “Cine Club Laura es a partir de Laura Palmer. Tiene mucho de lo romántico, pero también una parte oscura. Es un poco esas dos caras: lo tierno y al mismo tiempo lo crudo, lo doloroso, lo triste”.

Más allá de las películas, el objetivo es generar vínculos entre quienes participan. “Creemos que es importante compartir el cine con personas que queremos. La idea es esa, crear amistades y disfrutar”, sostuvo.

A la hora de elegir las proyecciones las organizadoras trabajan de manera colectiva. “La curaduría la hacemos entre todas. Siempre tratamos que sea lo más democrática posible y también que sea fiel a la identidad del cineclub”, explicó.

La experiencia colectiva

La diferencia entre mirar una película en casa y asistir a uno de estos espacios aparece desde el primer momento. En Cine Club Laura, una mesa con velas, stickers y pequeños objetos decorativos recibe a quienes llegan al espacio. La ambientación inspirada en el universo de Laura Palmer forma parte de una experiencia que comienza incluso antes de que empiece la proyección.

En el Ciclo Cine Arte, en cambio, la pantalla gigante, la oscuridad de la sala y la calidad técnica del cine recuperan una forma de ver películas que para muchos parecía reservada únicamente a los grandes estrenos comerciales.

Para Sebastián Magallanes, el cine es mucho más que una obra audiovisual. “El cine acompaña”, resume. Por eso, después de muchas funciones impulsa charlas con el público para intercambiar impresiones sobre lo que acaban de ver.

“Hay muchos que vienen del ciclo anterior y también público nuevo. A muchos les gusta este acompañamiento de presentar la película, contar qué van a ver y conversar después”, explica.

Para el organizador, detrás de cada película existe alguien que intenta compartir una experiencia personal con otros espectadores. “Hay un director que dice: ‘Yo quiero contar esto porque me movilizó y me gustaría que otra persona también se movilice’”.

En el Cine Club Laura la construcción de comunidad aparece de otra manera. Además de las proyecciones, el espacio organiza actividades creativas, una pequeña cantina autogestionada y momentos de intercambio entre quienes asisten. “Buscamos lo colectivo también a partir de todo lo que está pasando en el país, del desfinanciamiento a la cultura y al cine. Traemos este espacio gratuito para que cualquier persona pueda disfrutar de ver una película con su familia, con amistades o con quien quiera”, explica Milagros Aldasoro.

Las funciones son gratuitas o a la gorra, una decisión que busca garantizar el acceso en un contexto económico complejo. “Con todo lo digital, con las plataformas y con la entrada al cine que está costando un montón, es una buena excusa para generar espacios para vernos, compartir y charlar con gente que no conocés”, señala.

La participación del público no termina cuando aparecen los créditos. Después de cada función se abren conversaciones espontáneas sobre la película y, a través de las redes sociales, el intercambio continúa. “Ese intercambio que a veces sucede detrás de la pantalla, llevarlo a la cotidianidad es importante”, afirma.

Más allá de sus diferencias, ambas propuestas comparten una misma convicción: el cine sigue siendo una excusa para encontrarse. En una época atravesada por el consumo individual y las recomendaciones algorítmicas, estos espacios recuperan una experiencia que ninguna plataforma puede ofrecer por sí sola: ver, sentir y conversar una película junto a otras personas.