"Me enseñaron lo que es sentirse en casa": El testimonio que derribó los mitos de la adopción en Olavarría
Mientras casi 300 niños y adolescentes esperan un hogar en la provincia, la carta de una joven que encontró su lugar en el mundo nos enseña que la familia no es de sangre, sino de amor. La historia de una adopción que transformó un destino y el llamado urgente del Juzgado de Familia local a abrir nuevos caminos de cuidado.
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"Para mí adoptar fue lo mejor que nos pasó en la vida. Siempre quisimos ser padres, queríamos maternar, criar, y fuimos muy felices adoptando", dijo muy contenta Lucrecia, quien adoptó con mucho amor a su hija y expresó a este medio la alegría de recibirla al calor de su casa.
La adolescente, que fue adoptada a los siete años mientras vivía en un hogar de Tandil, leyó la carta que les dedicó a sus padres al cumplir los 15. Lo hizo durante la charla sobre adopción que brindó el juez Santiago Arrondo en Coopelectric donde, ante una sala llena, más de uno se emocionó hasta las lágrimas al escucharla.
Entre la frialdad de los números y los expedientes, late el deseo caluroso de aquellos que quieren ser padres y brindar todo su amor.
Santiago Arrondo inició su exposición definiendo a la adopción como la institución jurídica que busca proteger el derecho de niñas, niños y adolescentes a vivir y desarrollarse en una familia para la satisfacción de sus necesidades materiales y espirituales cuando no pueden ser satisfechas en su familia de origen.
En diálogo con Diario Olavarría minutos antes de la charla, el magistrado derribó algunos mitos: "No es un trámite engorroso adoptar, es bastante más sencillo de lo que la gente cree. Justamente hacia eso apunta un poco la charla de hoy. Todo depende, de todas formas, de la disponibilidad que tenga la gente. Que sea más fácil o más difícil acceder a algún proyecto adoptivo tiene que ver con eso. Si la pretensión es adoptar un bebé recién nacido, no hay niños en esas condiciones; pero sí hay chicos más grandes".
En esta línea, dio a conocer un dato muy interesante: hay casi trescientos chicos en la provincia de Buenos Aires en condiciones de ser adoptados o bajo alguna otra figura alternativa. "Todo depende de la disponibilidad que tengan las personas que encaran un proyecto de esta naturaleza", indicó el magistrado.
Durante su exposición, Arrondo abordó los pasos previos para llegar a una adopción: las medidas de abrigo en donde intervienen los Servicios Locales de Promoción y Protección de los Derechos del Niño, Niña y Adolescente; luego la declaración de adoptabilidad; la guarda con fines de adopción y, finalmente, la adopción definitiva.
En todo este proceso resulta transversal la Convención sobre los Derechos del Niño, que en nuestro país tiene jerarquía constitucional desde el año 1994. Es decir, se prioriza al niño como sujeto de derecho y toma especial relevancia la identidad, el acceso a la salud, la educación, la protección y la vida en familia. Sin embargo, detrás del marco legal, hay cientos de chicos que esperan contención.
El juez, en el mano a mano que cedió muy gentilmente, detalló el trabajo de fondo: "El proceso de preselección lo hacen los equipos técnicos de los juzgados de familia, que están compuestos por psicólogos, psiquiatras y trabajadores sociales.
También, cuando los chicos están institucionalizados en un hogar, participa el personal del lugar. Todos ellos eligen dos o tres precandidatos que después se entrevistan conmigo. Entre todos consensuamos lo que creemos que es el mejor proyecto adoptivo para ese nene, nena o grupo de hermanos, aunque la decisión final obviamente es mía. Como toda relación, no deja de ser un salto de fe al principio. Hay que ver si la familia se adapta a los chicos y si los chicos se adaptan a la familia".
En su alocución, el magistrado fue fáctico al aclarar quiénes pueden dar este paso: tanto parejas —del mismo o distinto sexo, casadas o en unión convivencial— como personas solas.
Para ello, deben inscribirse en los legajos de aspirantes a guarda con fines de adopción en el Juzgado de Familia correspondiente a su domicilio. El Dr. Arrondo resaltó además que “no reviste ninguna importancia la situación económica”, reflejando que no se trata de un requisito excluyente, e invitó a los interesados a “acercarse al juzgado a consultar”, donde serán recibidos por profesionales para recibir asesoramiento.
La charla traspasó las cuestiones técnicas y administrativas para convertirse en un espacio ameno, de reflexión y de diálogo.
Ante la consulta de este medio sobre cómo es la contención de los chicos en situaciones tan duras en el momento de la separación de su hogar de origen, el Juez respondió: "Aquí en nuestra ciudad, si los chicos son alojados en los hogares —un abrigo no necesariamente tiene que ser un hogar—, el personal está altamente capacitado.
"Son todas mujeres muy humanas, profesionales y preparadas para lo que hacen. Al principio, por supuesto, como toda separación, es traumática y cuesta. Por más que lo que tengan los chicos en su origen sea malo, cuesta desacostumbrarse y lograr ver que hay otra realidad. Pero en general no suele ser un proceso demasiado traumático".
Esa otra realidad es la que conmovió a los presentes a través del relato de Lucrecia, quien recordó el momento de la adopción de su hija como algo "maravilloso. Estaba predestinada para nosotros y nosotros para ella. Fue hermoso, estamos felices de poder adoptar. Ella venía de una familia difícil, estuvo dos años en un hogar y deseaba mucho tener un padre; que la criaran, la amaran y la cuidaran como corresponde, dentro de los derechos que tiene todo niño".
El broche de oro de la jornada fue la lectura de la carta que la adolescente escribió para sus quince años, un testimonio puro del impacto real de la adopción:
"Ustedes no solo me criaron, ustedes me enseñaron lo que significa amar de verdad. Me enseñaron que el amor está en los abrazos cuando todo está bien, pero también en lo que se hace cuando las cosas se ponen difíciles: en tener paciencia, en acompañar y en no soltar la mano. Gracias por cada abrazo cuando lo necesité, gracias por cada consejo, incluso cuando no quería escucharlo, gracias por levantarme cada vez que me caí y gracias por creer en mí, incluso cuando yo misma no creía. Sé que ser padres no es algo fácil, sé que hay días agotadores y difíciles, y aun así ustedes hicieron todo para que yo esté bien. Muchas veces dieron más de lo que tenían, y eso es algo que yo veo, siento y nunca voy a olvidar", rezaba el texto.
Además de la historia de Lucrecia, se escucharon otros relatos que enriquecieron el encuentro, entre ellos la de Sergio Sarachu, que se encuentra plasmada en su libro «Un hijo de tres madres».
Al momento de finalizar el trámite, el juez reconoció que personalmente siente "que todos los planetas se alinean. Es la satisfacción de haber cumplido y una felicidad inmensa e incomparable. Es uno de los momentos más felices que nos puede dar el trabajo a todos los que estamos involucrados con este tipo de procesos. Es la culminación, el diez de diez que esperamos todos y que se logra bastante".
El Juzgado de Familia Nº 2 de Olavarría forma parte del Registro de Cuidadores Familiares, una prueba piloto que se lleva a cabo en apenas ocho juzgados de la provincia de Buenos Aires.
Se trata de una experiencia orientada a cubrir la necesidad de contar con figuras de cuidado para niños, niñas y adolescentes de diez a diecisiete años de edad alojados en instituciones, ya sea porque no se han encontrado postulantes en el Registro Central de Aspirantes a Guardas con Fines de Adopción o bien porque los mismos jóvenes no han brindado su consentimiento subjetivo para ser adoptados.
La función de los cuidadores familiares se caracteriza por ofrecerle al menor un ambiente familiar, acompañando su proyecto de vida de manera estable y sostenida.
La jornada en Coopelectric evidenció no solo a un Poder Judicial al servicio de la niñez, sino la dimensión humana, el compromiso y la calidez de una comunidad que busca derribar mitos para que ningún chico de la región se quede sin el derecho fundamental de sentirse en casa.
El reflejo más puro de ese derecho cumplido quedó sellado en el cierre de la carta de la adolescente, cuyas palabras finales flotaron en el aire de la sala como el mejor argumento a favor del amor elegido:
"A veces me pongo a pensar en mi historia y no tengo otra cosa más que agradecimiento, porque la vida me llevó a ustedes y ustedes me enseñaron lo que es sentirse querido, sentirse suficiente y sentirse en casa. Gracias por ayudarme a ser quien soy hoy, gracias por su paciencia infinita, por su amor incondicional y por hacerme sentir todos los días que pertenezco a esta familia. Tal vez no pueda devolverles todo lo que hicieron y hacen por mí, pero sí puedo prometerles que los voy a amar toda la vida, que siempre voy a estar agradecida con ustedes, que siempre voy a estar orgullosa de ser su hija y que todo lo bueno que haya en mí también va a ser gracias a ustedes. Hoy, en mis quince años, quiero que sepan que llegar a ustedes fue lo mejor que me pasó en la vida, y si tuviera que elegir una y mil veces, los volvería a elegir siempre. Los amo con todo mi corazón, por este año y para siempre".
*Por Maximiliano Cooper Pondarre