Hipismo Estudiantes: Donde la naturaleza y la técnica se unen para formar nuevos jinetes
En el sector de hipismo del Club Atlético Estudiantes, la equitación se vive como una escuela de valores que trasciende la competencia. Gonzalo De’Martino, referente de la disciplina, explica por qué este deporte enseña responsabilidad, respeto por el animal y una lealtad que no se compara con ninguna otra actividad.
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Desde tiempos inmemoriales, el caballo ha sido el motor de nuestra historia: transporte, compañero de campo y protagonista en el deporte. Para muchos, es el verdadero mejor amigo del hombre. Pero en el Club Estudiantes de Olavarría, esa amistad no se basa en la utilidad, sino en un compromiso mutuo de cuidado y respeto que empieza mucho antes de entrar a la pista.
El sector de Hipismo del Club Estudiantes está sobre la Avenida Avellaneda, al lado del Parque Sur. Es un predio rodeado de árboles que cuenta con pistas y boxes de alojamiento. Es un lugar donde el objetivo no es solo saltar, sino construir un vínculo físico y emocional con el animal.
Para quienes desean iniciarse, el club facilita todo lo necesario: cuenta con caballos de escuelita, cascos, instructores y todo el equipo de montar. El semillero recibe chicos desde los 6 años, aunque también hay paseos de familiarización para los más pequeños.
Aquí, el primer aprendizaje no es el salto, sino el cuidado. aquí la persona aprende que antes de montar hay que cepillar, alimentar y entender el estado de ánimo del caballo. " Todo lleva su entrenamiento tanto jinete como el ejemplar . No es solamente subirse e ir y saltar. Hay un cuidado previo tanto del animal como del deportista", explicó Gonzalo D´ Martino, quien es uno de los instructores y referente del sector de Hipismo del Club Atlético Estudiantes durante el programa "Sabadazo" que se emite por Fm Sapiens 102.7.
La progresión en el deporte puede ser asombrosa si hay constancia. "Hay mucha gente que entra al club sabiendo andar a caballo y están los que no saben nada. Cualquiera puede llegar a competir en un torneo federal. Por ejemplo, están los que hace un año y medio o dos años que ya están compitiendo, cuando hace tres años o dos años y medio que arrancaron equitación y apenas se subieron a un caballo", explicó Gonzalo D'Martino.
En este punto añadió: "yo creo que es un deporte que el nene que lo arranca y le gustan los animales, no lo deja. Creo que más allá de todo lo que es el deporte, la técnica, el aprendizaje, tiene un respeto hacia el animal y un montón de cosas que los chicos aprenden, como los cuidados. Uno de los hincapié que nosotros hacemos es: "Si vos tenés un caballo, el caballo depende de vos". Entonces eso ya es una responsabilidad desde chicos que la empiezan a tener".
Más allá de la técnica y la competencia, existe un componente intangible que define a la equitación: la conexión emocional. "Yo creo que el vínculo que tiene el chico con un caballo es realmente hermoso y soluciona un montón de cosas sin hablar, por decirlo de alguna forma".
Para el instructor, esa conexión no deja de sorprender, incluso a quienes conviven con el animal a diario. "Hay veces que uno mismo, que lo tiene naturalizado y lo ve todos los días, cuando ves a un nene vinculándose con un caballo te sorprende. Ese vínculo lo entienden ellos dos, porque por ahí vos lo ves de afuera y no sabés qué es lo que sienten, pero te das cuenta de que hay algo que es fuerte", indicó.
La equitación no es un camino lineal; es un deporte que ofrece momentos gratificantes pero también grandes desafíos emocionales. En este sentido, Gonzalo D' Martino reflexionó sobre la importancia de entender la psicología del animal para manejar la frustración: "Hay veces que no es que el 100% de lo que salga bien o mal está en manos del jinete o de la amazona. Así como uno se levanta con un día que no es el ideal para hacer deporte, al caballo le pasa lo mismo. Son procesos que los que hacen este deporte van asimilando y así logran sacarse esa presión: comprenden que son dos, un animal y una persona que deben vincularse y estar ambos al máximo para dar lo mejor".
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Contrario a la creencia popular de que es una disciplina restrictiva, la equitación en el club local se mantiene en valores competitivos. Según explicó De’Martino, los costos de la actividad están dentro de los estándares de cualquier otra disciplina deportiva. "La persona que tiene ganas y le gustan los caballos lo puede hacer", afirmó. Además, aclaró que una vez que el alumno avanza, existe la posibilidad de charlar sobre las condiciones para tener un caballo propio y alojarlo en los boxes del club", remarcó.
Según contó es que desde el club se trabajo mucho dentro de la disciplina de llevar un poco la equitación a como alguien que va a hacer fútbol, voley o Handball, y contó que es un deporte hermoso rodeado de caballos y naturaleza. "Más allá de que mucho del esfuerzo lo hace el caballo, este es un deporte que tiene mucha técnica, que hay mucho para aprender y que nunca se termina de aprender", comentó Gonzalo.
Ante la consulta sobre cómo se logra que un animal de gran porte realice un salto, D’ Martino fue categórico: no es un proceso inmediato, sino una construcción de mucha paciencia. "A los caballos también se los entrena con un proceso muy largo. Hoy, tener un ejemplar que entra a una pista te lleva por lo menos un año o un año y medio de trabajo", detalló.
En la escuelita de Estudiantes, el proceso se apoya en los denominados "caballos maestros", animales que ya conocen el oficio y tienen la experiencia necesaria para guiar a los principiantes. Gonzalo subrayó que el trabajo con un animal de 500 kilos se basa en un equilibrio delicado: "La idea es siempre respetarlo, pero también que él te respete a vos".
Para la práctica formal, el instructor detalló que se utiliza un equipamiento específico diseñado para la seguridad y el confort de ambos: montura, pretal, cabezada, mandil y bajomontura. Sin embargo, más allá de los elementos materiales, el secreto de un buen jinete reside en su propio cuerpo.
"Hay muchos ejercicios para que quien está aprendiendo desarrolle equilibrio y soltura, que es lo principal. A veces se busca montar sin estribos, intentando que el movimiento sea lo más natural posible", explicó De’Martino. Para el referente de Estudiantes, esta es la base de una buena formación: "El equilibrio y la soltura es lo más importante; es lo que hace a la calidad de un jinete".
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Detrás de lo que se ve en la pista, donde el binomio (caballo-jinete) se lleva las miradas, existe un engranaje humano que sostiene la actividad. El instructor es solo una parte; la lista se extiende al petisero —encargado de la alimentación y el cuidado diario—, el herrero y el veterinario.
Pero el apoyo más fuerte viene de las familias. El hipismo es un deporte individual que se vive en comunidad. "Nosotros somos de la idea de siempre movernos en grupo. Así vaya un chico solo a competir, tratamos de que vaya alguien más a apoyar. Esa parte solitaria la compensamos alentando", explicó Gonzalo D’Martino.
La logística es otro desafío que requiere un gran esfuerzo económico y físico: "Más allá de subirse a un auto, hay que llevar el caballo. Se contrata un tráiler o un carro y nos movemos 300 o 350 kilómetros para llegar a los concursos", detalló el referente, resaltando el sacrificio que hacen los jinetes olavarrienses para representar al club en la región.
La organización del calendario hípico es una tarea que comienza a principios de año con la programación de las fechas para la zona Mar y Sierras, a la cual pertenece el club local. Sin embargo, la flexibilidad del deporte permite que los jinetes se muevan por todo el país siguiendo el calendario oficial de la Federación.
En este mapa, nuestra ciudad ocupa un lugar de privilegio. "Olavarría es buena sede para esto porque es el centro de la provincia, entonces viene gente de Mar del Plata, Pinamar y Tandil, pero también de Bahía Blanca o Pringles", destacó D’Martino. El éxito del reciente torneo federal que se realizó en nuestra ciudad confirmó esta tendencia: "Este año tuvimos un montón de gente del lado de Bahía y de Pringles; eso siempre ayuda un montón".
La vida en el sector de hipismo tiene un ritmo propio, marcado por la luz del día y las necesidades del animal. Los chicos suelen estar en el predio independientemente de si tienen clase o no.
La razón es simple y profunda a la vez: "No trabajamos con pelotas que uno las deja ahí, después va, la infla y están iguales", sentencia De’Martino. En Estudiantes, los alumnos son protagonistas del cuidado integral: llegan hasta dos horas antes para cepillar a sus compañeros y mantener un contacto constante. Si bien el club cuenta con personal organizado para la alimentación y el mantenimiento, el vínculo personal es irreemplazable", explica el instructor sobre esa cuota de afecto que el animal reconoce y agradece.
En definitiva, lo que sucede cada tarde en el predio de la Avenida Avellaneda es mucho más que un entrenamiento deportivo. Es el mantenimiento de una lealtad que lleva siglos. El caballo, ese motor de nuestra historia, sigue demostrando en cada box y en cada pista que la amistad con el hombre no se basa en el éxito de un salto, sino en la responsabilidad de cuidarse mutuamente.
Texto: Maximiliano Cooper Pondarre