De los grandes festivales a la mística de los escenarios íntimos

​Gustavo Lubián, integrante de la banda de León Gieco durante nueve años, repasa las noches donde llenaba grandes estadios y compartió escenario con grandes músicos como  Mercedes Sosa, Charly García y Serrat,  entre otras figuras, ahora explica por qué hoy elige la ruta de un juglar.

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 Se baja del auto, entra al bar y le pregunta algo a la moza. Vuelve al vehículo, carga el charango, la guitarra y el sonido. Una vez que deja todo en un rincón, entre el murmullo de la gente y el tintineo de los vasos de Garrison, Gustavo Lubian  se acomoda  y abre el arcón de sus recuerdos.

 Fue integrante de la banda de León Gieco y junto a él compartió escenario con grandes artistas de la música entre ellos Charly García, Mercedes Sosa,  y Serrat  entre otros. Además, estuvo en escenarios imponentes como el Gran Rex y ha recorrido el país y buena parte del mundo.

Es de la "ciudad de las diagonales", La Plata. Viene de una familia donde se cantaba mucho, aunque ninguno era músico profesional. Sus hermanos mayores le enseñaron los primeros acordes y, a los 17 años, formó el grupo: "Guarda con la Suegra"  para hacer covers de Creedence. Ese fue el inicio de su recorrido artístico.

De aquellos ensayos en el barrio, el destino lo llevó a la banda de Gieco durante nueve años. "Ahí conocí a 'La Negra' (Mercedes Sosa), a Charly, (Charly García) a la mayoría de los grandes de la música", dice Gustavo. Al consultarle sobre ese paso, no duda: "Después de tocar con León, uno es otra persona". Lo define como un tipo intachable, de una generosidad que rompe las reglas del mercado musical.

Para ilustrarlo, recuerda una escena de 1993 en el Gran Rex. Tras ocho funciones agotadas, Lubián notó que su cheque era 14 veces mayor a lo pactado. Pensó que era un error, pero el bajista de la banda lo sacó de la duda: "No se confundieron. Cuando lo organiza León es una cooperativa: él gana lo mismo que vos, que yo, que los colectiveros y que los plomos".

La memoria de Gustavo también viaja a 1998, en plena Puna jujeña, durante un encuentro musical. Bajo un calor abrasador de enero, la banda de Gieco se quedó sin agua en medio de la nada. Al encontrar una casa humilde, un chico les acercó el alivio. León, en un gesto de gratitud, intentó pagarle con una suma importante, pero el niño volvió corriendo para devolver el billete: "Dice mi mamá que el agua no se cobra". Gieco miró a sus músicos y lanzó la pregunta que lo cambió todo: "¿Quién es el pobre acá? ¿La señora o nosotros?". Tiempo después, de forma anónima, el músico santafesino envió una camioneta llena de alimentos a esa casa. "Es un ser excepcional", cuenta Lubián con la mirada puesta en el recuerdo.

En cuanto a su repertorio, interpreta canciones que "mamó" desde siempre, de artistas como Serrat y Silvio Rodríguez, además de obras de su propia autoría. "Elijo los temas que me hagan sentir bien a mí; no podría hacer algo por más de que esté de moda si no lo siento", señala el artista.

Tiene muchas canciones que, si bien no son referenciales, lo hacen sentir como esos juglares de la Edad Media que contaban lo que pasaba: "León es un juglar, Bob Dylan es un juglar. Son tipos que cuentan lo que pasa a su alrededor desde su punto de vista. A mí me pasa eso: estar siempre atento a lo que vive mi pueblo o mi familia".

​Hoy toca de forma solista y se define como una "mini pyme": "Soy mi propio chofer, soy el plomo que baja las cosas, soy el sonidista... y llega un momento, a mis 67 años, que el cuerpo te empieza a pasar factura. Pero no me cansaría nunca de esto. Mi lugar en el mundo es el escenario y la música; calculo que estaré haciendo esto hasta que no esté más".

​Luego de haber llenado grandes estadios y festivales, también disfruta de lo íntimo: "Me gusta tocar en lugares físicos chicos, como hoy en Garrison, pero también en pueblitos. Esos que tienen un solo hotel y un solo café donde desayunás. Es muy lindo cuando entra la gente y te dice 'buen día' o vas a comer y te dicen 'buen provecho'. Agradezco a la vida que me dio esto de hacer lo que amo".

Para concluir, deja una interesante reflexión: "Para mí la música es mi vida. No puedo imaginar la vida sin música, ya no solo escucharla sino hacerla. Esto me ha ayudado en momentos muy difíciles, incluso de salud. Ha sido mi aire para respirar". Cuando termina la charla, Gustavo Lubián se levanta, agradece la nota y se encamina a preparar sus instrumentos y el sonido para su presentación. 

 

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