​El campo desde adentro: Relatos, tradición y el desafío de producir en nuestra tierra

Mucho más que un motor económico, el campo es el escenario donde se cruzan nuestras tradiciones más profundas con el desafío de producir para el mundo. En "Diario Olavarría" nos pusimos en contacto con Omar Dolagaray, Jorge Esteva, Sebastián Matrella y Cristian Bilotto para descubrir qué sienten y cómo viven quienes sostienen el interior productivo.

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El campo es, sin dudas, uno de los principales motores de nuestro país. Pero reducirlo a números sería contar solo la mitad de la historia: el campo es cultura y tradición. Es el caballo, nuestras pilchas gauchas y el mate; costumbres que definen nuestra identidad más profunda.

​Cada 7 de marzo se celebra el "Día del Campo" y, por este motivo, "Diario Olavarría" se puso en contacto con productores agropecuarios locales para hablar sobre la importancia de este sector y qué es lo que los despierta sentimentalmente. Vale mencionar que esta producción moviliza una compleja red logística que conecta regiones, puertos e industrias. Al final del día, casi todo lo que llega a nuestra mesa nace de nuestra tierra.

​Los datos respaldan la importancia estratégica del sector. Según el Monitor de Exportaciones: "6 de cada 10 dólares que ingresan al país provienen de las cadenas agroindustriales. En 2025, Argentina alcanzó exportaciones por cerca de US$ 87.076 millones, de los cuales US$ 52.900 millones correspondieron al sector agroindustrial". Estos números posicionan al campo como el principal generador de divisas y un actor central en el comercio mundial.

​En cuanto al medio ambiente, el desafío es producir aplicando buenas prácticas agrícolas. El Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) advierte que cada año se pierden miles de especies debido al mal uso de recursos, el cambio climático y la urbanización desmedida. Producir de buena manera implica que las futuras generaciones puedan seguir disfrutando de este suelo que tanto nos da.

Pero el campo es mucho más que producción es un estilo de vida por la cultura, el arte y la tradición, es la fuerza del coraje de las jineteadas y las carreras de sortija, la velocidad en las pruebas de rienda, las charlas en el fogón con el mate. Son  las ferias , y las exposiciones rurales, entre otras cosas.

En esta línea 'Diario Olavarría' se contacto con algunos productores locales y de la zona para ver qué es el campo y cuenten sus historias detrás de las tranqueras.

​Para Omar Dolagaray, su vínculo con la tierra es una cuestión de raíz: "Nací y me crié en el campo, hice la primaria en la Escuela Nº 21 de Pourtalé. Mi vínculo nace por eso mismo, toda mi vida estuvo relacionada con él". Para Omar, la relevancia del sector trasciende lo local: "Cada país tiene, por su composición geográfica, varios factores que son de mucha importancia ante el mundo; creo que el campo lo es para Argentina".

​En esa misma línea, Jorge Esteva, con actividad en Sierras Bayas, Colonia Nievas y el sur de Azul, define su labor como una filosofía de vida: "Es parte de mi vida, es un sentimiento. El campo para la Argentina es la principal fuente de recursos; el país funciona por las divisas que exporta el sector. Lamentablemente se lo ha menospreciado y juzgado, pero todos abrevamos de él". Para Esteva, el campo es también un refugio: "Es un juego para mí y voy a estar hasta mi último día. Cuando estoy en un lugar hostil, siempre pienso en el campo, en donde uno nació y en esos paisajes donde uno siempre anhela estar".

​Por su parte, Sebastián Matrella, productor y es un referente político local, destaca la paz del entorno: "El campo es como mi segunda casa; si bien uno mayoritariamente va a trabajar, se disfruta mucho la tranquilidad que se vive. Nuestra familia está presente en la zona de Blanca Grande desde hace 80 años".

Cristian Bilotto, quien además de producir en la zona de Pourtalé es actor y músico, aporta una mirada profunda sobre la vivencia rural: "Para mí el campo significa todo; me crié entre vacas y caballos y allí tuve mis primeras experiencias de conocimiento de la vida con la realidad concreta".

​Su historia personal está marcada por la iniciativa. Siendo adolescente, decidió encargarse de las aves de raza de su padre: "Él estaba con la cabaña de Angus y ya no tenía tiempo para las gallinas. Tomé la posta, repuse los planteles y empecé a competir en exposiciones". Para Cristian, esta actividad de tercera generación le enseñó el valor de la excelencia: "No es lo mismo que una producción comercial; buscás mantener el estándar de la raza para que luego esas cruzas abastezcan el mercado. El campo te da esa libertad de imaginar un proyecto en un lugar, tener una visión y darle para adelante".

​Bilotto subraya que la vida rural exige una constancia innegociable: "Tenés que ser responsable ante adversidades como el clima y estar constantemente supervisando que los animales tengan sus necesidades cubiertas". Pero, sobre todo, valora el impacto emocional: "Lo más lindo es la 'soledad buena', esa que te permite despejar la mente. Es un cable a tierra que en la ciudad no se encuentra por la vorágine. Allá los objetivos son claros y las actividades puntuales; eso te saca de la cabeza las cosas innecesarias. En un mundo de paredes, cemento y pantallas, el campo nos lleva a vivir la realidad concreta, a sentirla y ser parte de ella", concluye Bilotto.

Más allá de las cifras de exportación y los récords productivos, el campo es el hilo invisible que teje nuestra historia. Está presente en la mesa familiar, en el mate compartido y en ese respeto por el esfuerzo que heredamos de nuestros abuelos. Aunque hoy vivamos entre el cemento y las pantallas, nuestra esencia sigue ligada a la tierra, a sus tiempos y a su nobleza.

En definitiva, celebrar al campo es celebrarnos a nosotros mismos: porque en cada rincón de nuestra provincia, y en cada latido de nuestra cultura, todos somos el campo.