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title: "Nunca estuvimos tan conectados y alejados al mismo tiempo: la paradoja de la soledad en tiempos de hiperconexión"
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date_published: "2026-08-15T19:15:00-03:00"
date_modified: "2026-08-15T19:30:52-03:00"
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# Nunca estuvimos tan conectados y alejados al mismo tiempo: la paradoja de la soledad en tiempos de hiperconexión

![IMG-20260815-WA0103](/download/multimedia.miniatura.bdc8fa67dca849dc.bWluaWF0dXJhLndlYnA%3D.webp)

*Imagen ilustrativa hecha con IA*

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​Hoy en dia tenemos más formas de comunicarnos que nunca. Sin embargo, cada vez más personas dicen que se sienten solas. ¿Qué significa realmente estar solos? ¿Y cuándo la soledad deja de ser una experiencia humana para convertirse en un problema de salud?

​En la cotidianeidad de todos podemos observar escenas que se volvieron habituales como cenar mirando el teléfono, caminar escuchando un podcast, trabajar rodeados de mensajes, tener cientos de contactos y, al final del día, sentir que no tenemos con quién hablar.

​Nunca tuvimos tantas herramientas para estar comunicados y, al mismo tiempo, la sensación de desconexión parece ocupar un lugar cada vez más importante en nuestras vidas.

​En 2025, la Organización Mundial de la Salud publicó el informe de su Comisión sobre Conexión Social y definió la soledad y el aislamiento social como problemas de salud pública. Según sus estimaciones, aproximadamente una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad. El fenómeno atraviesa todas las edades, aunque los adolescentes y adultos jóvenes se encuentran entre los grupos más afectados.

​Pero antes de preguntarnos por qué estamos tan solos, quizá haya que detenerse en una pregunta más sencilla: ¿qué significa estar solo?

​**Estar solo no es necesariamente sentirse solo**

​Primero debemos comprender que no toda soledad es sufrimiento. Hay personas que disfrutan de pasar una tarde sin compañía, que necesitan caminar solas, leer, escuchar música o simplemente estar consigo mismas. Esto es una experiencia sana que todos debemos aprender a incorporar.

​El problema aparece cuando existe una distancia entre los vínculos que una persona desea y los vínculos que siente que tiene. Eso es lo que la investigación suele denominar soledad percibida. Esto quiere decir que no estas aislado del mundo, si no que te cuesta sentir conexion con otros. Por eso, alguien puede vivir solo y no sentirse solo. Y alguien puede estar rodeado de personas, tener pareja, amigos, compañeros de trabajo y cientos de seguidores en redes sociales y, aun así, sentirse profundamente solo.

​Gabriel Rolón parte de una idea semejante en *La soledad*, publicado en 2025. Allí propone recuperar la soledad como una experiencia inevitable de la condición humana, que puede ser dolorosa pero también puede convertirse en un espacio de encuentro con uno mismo. La cuestión no sería entonces eliminar la soledad de la faz de la tierra, sino poder distinguir aquella que puede ser habitada de aquella que se transforma en sufrimiento.

​Esta distinción es importante porque, si entendemos toda soledad como una enfermedad, terminamos patologizando una experiencia humana. Pero si pensamos que toda soledad es simplemente una elección personal, podemos pasar por alto una forma de sufrimiento que tiene consecuencias reales.

​**El problema no es estar solo: es quedar desconectado**

​La ciencia viene mostrando que la soledad no es solamente un problema emocional. Una revisión publicada en 2024, que reunió evidencia de múltiples revisiones sistemáticas, encontró asociaciones entre la soledad y diferentes resultados adversos en salud mental y física. Sin embargo, los autores muestran que la evidencia disponible permite hablar de asociación, pero no confirma que la soledad sea necesariamente la causa directa de todos esos problemas.

​La relación con la depresión resulta especialmente interesante. Un metaanálisis que reunió 37 estudios longitudinales encontró que la relación funciona en ambas direcciones: la soledad puede favorecer la aparición o el empeoramiento de síntomas depresivos, pero los propios síntomas depresivos también pueden aumentar la soledad. Es decir, puede instalarse un círculo difícil de romper:

​me siento solo → me retraigo → tengo menos encuentros significativos → me siento todavía más solo.

​Y cuanto más tiempo permanece ese circuito, más difícil puede resultar recuperar los vínculos.

​La OMS señala que las consecuencias de la desconexión social alcanzan también la salud física, la calidad de vida y la longevidad. En su informe de 2025 plantea que la conexión social debería ser considerada un componente fundamental de la salud, junto con las dimensiones física y mental.

​**¿Y qué tiene que ver el teléfono?**

​Mucho, pero probablemente no de la manera más sencilla.

​Es tentador afirmar que las redes sociales nos hicieron más solos. Sin embargo, la evidencia científica es bastante más compleja.

​Una revisión publicada en 2024 concluyó que el vínculo entre uso de redes sociales y soledad es débil y que no existe evidencia suficiente para afirmar que las redes, por sí mismas, causen soledad. Incluso pueden utilizarse en determinadas circunstancias para favorecer la sensación de pertenencia.

​Otra revisión sistemática con metaanálisis, centrada en jóvenes, encontró asociaciones pequeñas pero significativas entre uso de redes sociales, ansiedad y depresión, aunque los estudios fueron muy heterogéneos.

​Tal vez entonces la pregunta no sea “¿las redes sociales nos hacen sentir solos?”, sino otra: ¿qué hacemos con ellas cuando ya nos sentimos solos?

​Una pantalla puede acercarnos a alguien que está a miles de kilómetros. Pero también puede convertirse en una manera de evitar el encuentro, de reemplazar una conversación difícil por una reacción rápida, o de permanecer permanentemente ocupados para no encontrarnos con el silencio.

​No es la tecnología en sí misma el problema. Es aquello que puede ocurrir cuando la comunicación reemplaza al encuentro.

​**La sociedad que nunca se detiene**

​Es aquí donde resulta interesante mirar hacia la filosofía de Byung-Chul Han.

​En *La sociedad del cansancio*, Han describe el pasaje de una sociedad basada en la prohibición y la disciplina hacia una sociedad del rendimiento. Ya no hace falta que alguien nos ordene trabajar más, en cambio, nosotros mismos nos exigimos hacerlo, somos nuestros propios verdugos. El sujeto contemporáneo se convierte en empresario de sí mismo.

​La idea puede trasladarse también al modo en que construimos nuestros vínculos.

​Tenemos que responder. Tenemos que producir. Tenemos que estar disponibles. Tenemos que aprovechar el tiempo. Tenemos que viajar, entrenar, aprender, mejorar, mostrar lo que hacemos y, si es posible, disfrutar mientras lo hacemos. Tenemos y tenemos…

​Incluso descansar puede convertirse en una tarea más, y a veces con cierta carga de culpa.

​En ese contexto, ¿qué lugar queda para estar verdaderamente con otro?

​La paradoja es que vivimos rodeados de estímulos, pero eso no significa necesariamente que tengamos más encuentros significativos. Podemos estar permanentemente conectados y, sin embargo, experimentar una forma profunda de desconexión.

​Han también ha señalado la pérdida de la alteridad: cuando todo tiende a volverse familiar, semejante y consumible, el encuentro con alguien verdaderamente diferente puede resultar cada vez más difícil. El otro deja de ser alguien que nos interpela y se convierte fácilmente en alguien que podemos seleccionar, seguir, silenciar o eliminar.

​**Quizás el problema sea que olvidamos cómo estar**

​Lo mas incomodo de la soledad es que no siempre podemos escapar de ella.

​Podemos llenar una habitación de ruido. Podemos abrir una aplicación. Podemos mandar un mensaje. Podemos empezar una conversación. Podemos buscar una cita, una serie, un video, un podcast. Y todo eso puede ser maravilloso, un rato.

​Pero hay experiencias humanas que no se resuelven aumentando los estímulos.

​La soledad también puede obligarnos a preguntarnos qué queremos de los demás, qué vínculos tenemos, cuáles hemos perdido y cuáles estamos evitando.

​En *La soledad*, Rolón propone precisamente recuperar esa dimensión de la experiencia: la soledad no como algo que necesariamente debe ser eliminado, sino como una condición humana que puede ser sufriente o habitable. Quizás aprender a estar solos sea parte de aprender a estar con otros.

​Porque una persona que no puede tolerar ningún momento de soledad puede terminar buscando compañía desesperadamente. Y alguien que convierte el aislamiento en una forma permanente de protección puede terminar alejándose incluso de aquellos vínculos que necesita.

​**Volver a encontrarnos**

​Si la soledad es también un problema social, la solución no puede recaer únicamente sobre el individuo. No alcanza con decirle a alguien que salga más, conozca gente o deje el celular.

​La OMS plantea justamente la necesidad de construir comunidades, espacios de encuentro y políticas que favorezcan la conexión social. A veces la respuesta puede ser mucho más sencilla y mucho menos espectacular: llamar a alguien, compartir una comida, caminar con otra persona, participar de una actividad, recuperar un vínculo, sentarse a conversar sin mirar el teléfono. No se trata de estar acompañados todo el tiempo.

​Se trata de sentir que, cuando necesitamos a alguien, existe un lugar donde podemos ser encontrados. Tal vez la pregunta de nuestro tiempo no sea por qué estamos solos.

​Tal vez sea qué tipo de sociedad estamos construyendo cuando podemos comunicarnos con cualquiera, en cualquier momento, pero cada vez nos cuesta más sentirnos verdaderamente acompañados.

​Y quizás, paradójicamente, recuperar la capacidad de estar solos sea también una manera de recuperar la capacidad de encontrarnos con los demás.

​**Autora:** Dra. Lucia Camila Lopez MP 3949 Ig: lucialopez.dra

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