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title: "Psiquiatría y antropología: volviendo más delgada la línea entre psicosis y los estados no ordinarios de conciencia"
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date_published: "2026-07-26T10:39:00-03:00"
date_modified: "2026-07-26T13:53:28-03:00"
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# Psiquiatría y antropología: volviendo más delgada la línea entre psicosis y los estados no ordinarios de conciencia

«Si las puertas de la percepción se purificaran, todo se le aparecería al hombre como es: infinito» — William Blake

*Este ensayo propone un recorrido integrador sobre los estados no ordinarios de conciencia desde una perspectiva interdisciplinaria, poniendo en diálogo la psiquiatría, la antropología, la neurociencia, la psicología analítica y los enfoques contemporáneos orientados a la recuperación. Sin negar la importancia del conocimiento biomédico, la invitación es a formular nuevas preguntas que exploren la dimensión simbólica, cultural y relacional de estados de conciencia no ordinarios dentro de nuestra cultura occidental. Más que ofrecer respuestas definitivas, el texto abre un espacio de reflexión sobre cómo la ciencia y las humanidades pueden encontrarse para pensar uno de los fenómenos más complejos de la experiencia humana.*

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Los estados no ordinarios de conciencia (ENOC) constituyen un terreno donde confluyen biología, cultura, historia y experiencia subjetiva. Las experiencias visionarias, los estados extáticos, las voces o las modificaciones profundas de la conciencia han recibido interpretaciones muy distintas según el contexto cultural. Mientras algunas sociedades las consideran formas de conocimiento o iniciaciones espirituales, la psiquiatría moderna suele entenderlas dentro del campo de la psicopatología. En las últimas décadas, sin embargo, enfoques como el Diálogo Abierto y los aportes de la antropología médica han comenzado a cuestionar esa separación tajante.

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El desafío contemporáneo consiste en desarrollar modelos capaces de reconocer simultáneamente la dimensión clínica y la dimensión simbólica de estas experiencias, evitando tanto su patologización automática como su romantización.

**Los estados no ordinarios entendidos desde diferentes disciplinas**

Desde la neurociencia, los ENOC son estudiados como modificaciones de la actividad cerebral y de las redes neuronales que sostienen la percepción, la atención y la conciencia. El interés está puesto en comprender los mecanismos biológicos que hacen posible estas experiencias.

La psiquiatría, en cambio, se ocupa principalmente de distinguir cuándo esos estados generan sufrimiento, deterioro funcional o riesgo para la persona. Su preocupación no es únicamente explicar el fenómeno, sino intervenir cuando éste compromete la salud o la vida cotidiana. En este marco, una alucinación o una experiencia visionaria pueden convertirse en síntomas si aparecen fuera de un contexto compartido y producen desorganización significativa.

La antropología muestra que ninguna experiencia tiene un significado universal, sino que su interpretación depende del marco cultural. En lugar de preguntar qué ocurre en el cerebro o si existe un trastorno, pregunta qué significado adquiere esa experiencia dentro de una cultura determinada. Desde esta mirada, los estados no ordinarios no son anomalías universales, sino prácticas humanas cuyo sentido depende de los sistemas simbólicos, religiosos y sociales en los que emergen.

Las sociedades chamánicas, por otro lado, no estudian estos estados: los utilizan como una tecnología cultural. El trance no constituye una alteración accidental, sino una herramienta para sanar, obtener conocimiento o mediar entre distintos planos de la realidad. La experiencia adquiere legitimidad porque la comunidad reconoce su función y establece formas de aprendizaje, regulación y transmisión.

**¿Cuándo una experiencia es considerada una enfermedad y cuándo una experiencia espiritual?**

Esta pregunta probablemente no tenga una respuesta definitiva, precisamente porque obliga a revisar nuestros propios criterios sobre qué entendemos por normalidad.

La psiquiatría contemporánea no considera patológica cualquier experiencia inusual. Lo que suele orientar el diagnóstico es la presencia de sufrimiento intenso, pérdida de autonomía, deterioro del funcionamiento cotidiano, incapacidad para distinguir consensos básicos de realidad o riesgo para la propia persona y terceros. En otras palabras, el problema no es la experiencia en sí misma, sino sus consecuencias.

La antropología muestra, sin embargo, que las categorías de enfermedad y experiencia espiritual no son universales. Una visión, escuchar voces o entrar en trance pueden ser interpretados como signos de enfermedad en una sociedad y como manifestaciones de vocación espiritual en otra.  
Esto no significa que toda experiencia espiritual esté libre de sufrimiento ni que toda psicosis sea una construcción cultural. Significa, más bien, que el contexto modifica profundamente el sentido de la experiencia. Una cultura puede ofrecer relatos, rituales y vínculos que permitan integrar esas vivencias, mientras otra puede interpretarlas exclusivamente como síntomas. Quizás la diferencia más importante no sea si la experiencia es "real" o "irreal", sino si la persona dispone de recursos individuales y colectivos para darle un sentido que no destruya su vida.

**¿Puede la Salud Mental contemporánea incorporar saberes de la antropología y otras prácticas culturales?**

La antropología y el chamanismo no reemplazan a la psiquiatría ni a la psicología, pero pueden ampliar algunas de sus preguntas.

La antropología recuerda que ningún diagnóstico existe por fuera de un contexto cultural. Los síntomas siempre son interpretados por alguien, dentro de determinadas instituciones y sistemas de valores.

Las prácticas chamánicas, por su parte, muestran que las comunidades pueden desarrollar dispositivos para contener e integrar estados extraordinarios de conciencia. El chamán no actúa únicamente como un individuo con capacidades especiales; ocupa una función social reconocida, sostenida por rituales, aprendizaje y vínculos comunitarios.

Podríamos hablar, entonces, de la importancia del significado compartido, del acompañamiento, de los rituales como organizadores de la experiencia y del reconocimiento comunitario como factores que favorecen la integración subjetiva.

Surge la interrogante, tal vez, de si la psiquiatría moderna pudiese de algún modo incorporar una perspectiva que complemente la explicación bio-psico-social con una comprensión narrativa, cultural y relacional de la experiencia.

**¿Qué es el Diálogo Abierto y cómo modifica la comprensión de las experiencias psicóticas?**

El Diálogo Abierto, desarrollado en los 80’ en Finlandia por Jaakko Seikkula y colaboradores, es un abordaje terapéutico interdisciplinario frente al primer episodio de psicosis. Sus pilares fundamentales son la intervención inmediata en crisis, la participación de la red social o familia y el tratamiento sin jerarquías   
Nació como una respuesta alternativa para tratar la psicosis y los brotes agudos evitando la hospitalización prolongada y el uso excesivo de fármacos. Las reuniones terapéuticas se realizan con la presencia del paciente, sus familiares y un equipo móvil de profesionales de salud mental. Su punto de partida resulta sencillo pero profundamente transformador: antes de intentar explicar la experiencia, es necesario escucharla.

En lugar de considerar la psicosis exclusivamente como un conjunto de síntomas que deben ser eliminados, el Diálogo Abierto entiende la crisis como una situación en la que el sentido compartido se ha fracturado. El objetivo del tratamiento no consiste únicamente en reducir síntomas, sino en reconstruir un espacio donde la experiencia pueda ser narrada, escuchada y elaborada junto con la persona, su familia y su red social.

Desde esta perspectiva, las voces, los delirios o las experiencias inusuales no son inmediatamente descartados como errores de percepción. Se convierten en expresiones que merecen ser exploradas, sin asumir de antemano qué significan.

Este enfoque introduce una ética de la incertidumbre. Los profesionales suspenden la necesidad de ofrecer explicaciones rápidas y aceptan permanecer, junto a la persona y su entorno, en un proceso de búsqueda compartida de significado.

![](https://lh7-rt.googleusercontent.com/docsz/AD_4nXeNnNHwZSLVm3H-hQJUQj19wsSI4FcSoX2oj245ncpZiFNddY5KZGTgg60uoc5wEJH4gjfg5QHpk5ZOTl8JSKlhCXJQr0-AnU2jg0uMjRHZE0bpqH4ZWgOgFfu2OB6pG2FgCXrnZqO_cFMOq9ssTZrXsxg=s2048?key=CaC1X-suyHRGk0AS0ECvSg)

En conjunto con el enfoque antropológico, esta mirada también parte de la idea de que el significado no está contenido dentro de la experiencia misma, sino que se construye en la relación con otros. También encuentra resonancia con ciertas prácticas chamánicas, en las que las experiencias extraordinarias no son silenciadas, sino acompañadas e integradas mediante narrativas y rituales colectivos.

En cuanto a datos estadísticos de eficacia, la evidencia científica aún permanece de moderada a baja calidad; sin embargo, los resultados iniciales son alentadores.

Según la revisión sistemática de Freeman et al. (2019), donde analizaron 23 estudios sobre este abordaje, hallaron que las personas tratadas bajo el modelo de Open Dialogue tendían a recibir menos tratamiento farmacológico, tanto en el inicio de la crisis como en el seguimiento a largo plazo. Una mayor proporción de pacientes permaneció sin medicación o utilizó dosis menores en comparación con las cohortes tratadas con abordajes convencionales.   
Varios estudios reportaron mejores indicadores de funcionamiento psicosocial, incluyendo mayores tasas de retorno al trabajo o a los estudios, mayor independencia y menor dependencia de prestaciones por discapacidad.   
Respecto a la calidad de vida, la evidencia fue más limitada, ya que pocos estudios utilizaron instrumentos estandarizados para medirla. Aun así, los trabajos cualitativos y algunos estudios de seguimiento describieron experiencias de recuperación subjetiva favorables: los participantes referían sentirse más escuchados, involucrados en las decisiones sobre su tratamiento y con mayores posibilidades de reconstruir proyectos de vida y relaciones significativas. La revisión interpreta estos resultados como indicios prometedores, aunque insuficientes para establecer conclusiones firmes sobre el impacto del modelo en la calidad de vida.

**El aporte junguiano**

Carl Gustav Jung, médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo, aparece históricamente en un lugar intermedio: trabajó con pacientes psicóticos y, al mismo tiempo, se interesó profundamente por la religión, la alquimia, los mitos y las tradiciones chamánicas.

Jung describía la psicosis como una situación en la que el ego pierde la capacidad de organizar el material inconsciente. Por otro lado, describió el lenguaje del inconsciente como profundamente simbólico y, tomando la idea de la antropología de que cada cultura tiene sus símbolos e interpretaciones, Jung señaló que muchos de esos símbolos son sorprendentemente parecidos y que existen formas simbólicas universales (arquetipos) que aparecen en sueños, mitos, religiones y también en algunos estados no ordinarios.

Jung estaba fascinado por la figura del chamán. Encontró en él un modelo privilegiado para comprender la capacidad humana de atravesar crisis psíquicas profundas y transformarlas en una fuente de conocimiento y crecimiento. Le interesaba especialmente que, en muchas tradiciones, el chamán no nace como tal, sino que atraviesa una experiencia de desorganización (frecuentemente acompañada de visiones, sufrimiento o una profunda crisis existencial) que la comunidad interpreta como un proceso de iniciación.  
  
Si bien Jung nunca equiparó la psicosis con la experiencia chamánica, reconoció que ambas podían compartir un intenso despliegue de imágenes simbólicas provenientes del inconsciente. La diferencia residía en la posibilidad de integrar esa experiencia. Este punto se articula con su concepto de individuación, entendido como el proceso mediante el cual la persona establece una relación cada vez más consciente con los contenidos inconscientes, logrando una personalidad más integrada.

Desde esta perspectiva, algunos estados no ordinarios de conciencia pueden representar momentos de profunda transformación psicológica, siempre que encuentren un contexto relacional, simbólico y terapéutico que favorezca su elaboración, en lugar de quedar reducidos exclusivamente a un fenómeno patológico.

**Una****pregunta abierta**

Recientemente, científicos del CONICET publicaron en la revista NeuroImage un interesante reporte de caso sobre una profesional (Agustina Velez Picatto, psicóloga) capaz de auto-inducirse estados no ordinarios de conciencia sin estímulo externo. Buscaron mediante resonancia magnética funcional (fRMI) estudiar el comportamiento del cerebro en estos estados creados a voluntad, caracterizados por alteraciones de la percepción corporal, sensación de unidad o disolución del yo y una experiencia subjetiva similar a la reportada con psicodélicos.¹

El hallazgo principal fue que el cerebro se reorganizaba de manera estable y reproducible cada vez que aparecía el estado no ordinario. Observaron, principalmente, un aislamiento funcional de la corteza visual respecto de otras redes, un desacople de las redes sensoriales y un fortalecimiento de redes vinculadas con la atención interna y la experiencia subjetiva.

![](https://lh7-rt.googleusercontent.com/docsz/AD_4nXe76bripXTiV1r-mwlii8ghVfQ27_jfAAxhUf-8ITGtP4WalUQY3LM4OWr_bMT_ZlgD8fWvFjnT30p2M_fxVWcgo_6YaF6xtJVdTrFKtWATElCxesnnhVNiuz-UBjCBzMBfRZuebZFw9JGU9KUv6d4x56w=s2048?key=CaC1X-suyHRGk0AS0ECvSg)

Lo más llamativo es que este patrón resulta muy parecido al observado en investigaciones sobre psicodélicos, meditación profunda y algunos estados de trance.  
Este estudio propone que distintos caminos para acceder a estados no ordinarios de conciencia —psicodélicos, meditación, ¿episodio psicótico?, trance o autoinducción espontánea— podrían compartir principios neurobiológicos comunes, aunque se alcancen por mecanismos diferentes.

Si bien se trata sólo de un reporte de caso (lo cual significa que, científicamente, no podemos establecer aseveraciones generalizadas), los investigadores sugieren que documentar este proceso abre la posibilidad para desarrollar nuevas herramientas para estudiar la relación entre actividad cerebral y experiencia subjetiva, y eventualmente contribuir al diseño de intervenciones para trastornos como la depresión o la ansiedad.

Aportes como el antropológico y la posibilidad de poder medir y estudiar este mismo fenómeno desde múltiples aristas abre muchas preguntas que recién estamos intentando formular: si una persona perfectamente funcional de nuestro mundo occidental es capaz de reproducir a voluntad en su cerebro este tipo de experiencia extra-ordinaria, ¿significa eso que un cerebro que se encuentra involuntariamente tomado por un proceso de esta magnitud podría ser, con el avance de la ciencia, totalmente reversible? Si los distintos enfoques hacia estos estados pueden, en ciertas culturas o abordajes terapéuticos, disolver o aliviar los síntomas mediante la palabra o mediante la organización simbólica, ¿sería comparable a nivel neurobiológico el efecto de estas intervenciones a lo que hacemos hoy en medicina occidental mediante la medicación antipsicótica? ¿Podríamos incorporar alguna de estas prácticas como coadyuvante en el proceso salud-enfermedad-atención? ¿Cómo cambiarían este tipo de intervenciones el futuro y calidad de vida de los pacientes que hoy conviven con esquizofrenia u otro tipo de psicosis?

**Corrientes de vanguardia centradas en la experiencia vivida**

Al respecto, existe desde 2012 una revista virtual que recopila numerosos relatos en primera persona de pacientes diagnosticados y recuperados de psicosis, miradas críticas al sistema médico hegemónico tradicional y aportes de profesionales de la salud mental: [Mad in America](https://www.madinamerica.com/) (“loco en Estados Unidos”).

![](https://lh7-rt.googleusercontent.com/docsz/AD_4nXdFzjemx1xn2-xAHZt6vSVO7qqnV2aayFrgvyBff73At_5gWo-N4giDjn646-d8nswMuiMfTyd-B385CdM6YJCmQCyuCjZO-7m9xyhDI9NdkdHijyGdJp6mxSLOMU4IsMdAiz3SFU2Q3eJ3op9CLxQP17A=s2048?key=CaC1X-suyHRGk0AS0ECvSg)

Un aporte interesante de esta revista es que muchos pacientes describen que el momento de mayor sufrimiento no fue únicamente escuchar voces o experimentar delirios, sino que nadie les preguntara qué significaban esas experiencias para ellos. Relatan haber sentido que toda la conversación clínica giraba en torno a síntomas, diagnóstico y medicación, mientras que la vivencia subjetiva quedaba excluida. Al respecto, una revisión sistemática (Hall B. et al, 2023) observó que quienes escuchan voces suelen describir una enorme diversidad de experiencias.² Algunas voces son amenazantes y profundamente discapacitantes, pero otras adquieren funciones protectoras, críticas o incluso acompañantes. Un tema recurrente es que aprender a relacionarse con las voces resulta, para muchas personas, más útil que intentar eliminarlas por completo. Esta idea también aparece en investigaciones cualitativas sobre recuperación en personas que oyen voces.   
  
En numerosos relatos, la recuperación consiste en reconstruir una vida con sentido (retomar vínculos, trabajar, estudiar o convivir con ciertas experiencias) más que en alcanzar la ausencia completa de voces o creencias inusuales. Esta visión coincide con la literatura científica sobre recuperación personal en psicosis.

Los autores identificaron tres grandes dimensiones comunes a los procesos de recuperación: las fases de la recuperación, los factores que la facilitan y las barreras que la dificultan. La mayoría de los participantes describió un recorrido que comenzaba con miedo, desconcierto y una sensación de verse sobrepasados por las voces, para luego avanzar —cuando existían condiciones favorables— hacia formas de aceptación e integración de la experiencia. Un hallazgo especialmente interesante fue que muchas personas encontraban beneficios al buscar un significado para las voces y modificar la relación con ellas, más que intentar simplemente eliminarlas. Asimismo, la recuperación se veía favorecida por servicios de salud mental que promovían la escucha, la construcción compartida de sentido, el apoyo social y el fortalecimiento de la autonomía; mientras que el estigma, el aislamiento y las intervenciones percibidas como despersonalizantes aparecían como obstáculos importantes.

En esta misma línea surgió el Hearing Voices Movement (“Movimiento Escuchar Voces”), un movimiento internacional integrado por usuarios de servicios de salud mental, familiares e investigadores que propone comprender las voces desde la experiencia de quienes las viven. En estos grupos no se valida automáticamente el contenido de las voces como una realidad objetiva, pero tampoco se lo descarta de inmediato como un síntoma a eliminar. El foco está en explorar qué significado tienen para quien las experimenta y cómo convivir con ellas de una manera menos angustiante.

Volviendo a nuestro recorrido anterior, si nos paráramos desde una visión integradora: la crisis inicia un proceso; la comunidad/equipo acompaña; el ritual/abordaje organiza la experiencia, y emerge una identidad nueva.

Jung llamaría a eso “transformación psíquica”. El chamán lo llamaría iniciación. La psiquiatría podría llamarlo recuperación.

El lenguaje cambia. Una misma experiencia se moldea. El lugar que ocupa en el individuo y en quienes lo rodean, se transforma hacia algo diferente y menos dañino.

Lo que permanece es la búsqueda profundamente humana de dar sentido al sufrimiento y de transformar una experiencia potencialmente desorganizadora en una oportunidad de integración.  
  
Si bien todavía estamos lejos de comprender plenamente qué son los estados no ordinarios de conciencia y cuál es el mejor modo de acompañar a quienes experimentan vivencias similares, la evidencia disponible, el diálogo entre disciplinas y, sobre todo, la escucha atenta de quienes atraviesan estas experiencias es lo que mantiene las puertas abiertas hacia nuevos caminos de comprensión.

¹ Della Bella, G., Velez Picatto, A., Galvan Rial, D. S., Cukier, S., Torres, G. F., Catanzariti, M., … & Barttfeld, P. (2026). The Neurophenomenology of a Self-Induced Transcendental Visionary State: A Case Study. NeuroImage, 121784. Doi: 10.1016/j.neuroimage.2026.121784

² Hall B, Terry R, Hayward M. A systematic review and thematic synthesis of qualitative literature on personal recovery and voice hearing. Clin Psychol Psychother. 2023 May-Jun;30(3):491-509. doi: 10.1002/cpp.2814. Epub 2023 Jan 2. PMID: 36511369.

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